Fábulas de niños con el refrán “Haz el Bien sin mirar a quién”

Una buena moraleja que ha aparecido en las creadas por todos los fabulistas, desde Esopo al hispano Tomás de Iriarte pasando por La Fontaine.

Libro Fabulas

Podríamos definir la fábula como una composición breve de intención didáctica destinada a los niños. Como tal, sus protagonistas son animales que presentan rasgos humanos y, al final, se incluye un refrán o moraleja. En cuanto a la forma, suele presentarse en verso. Se trata de un género casi tan antiguo como la misma Literatura (de hecho, se han hallado algunas en tablillas mesopotámicas) pero su primer gran cultivador fue el griego Esopo, personaje del que apenas sabemos que vivió en torno al 600 antes de Cristo.

Muchas de sus fábulas fueron recopiladas por Demetrio de Falero y reelaboradas por casi todos sus sucesores, poetas como Fedro, el romano Flavio Aviano, la medieval María de Francia y los más modernos La Fontaine (siglo XVII) y Florian (XVIII).

Precisamente a Esopo se debe la primera fábula que presenta la moraleja “haz el Bien sin mirar a quien”. Se trata de la titulada ‘La abeja y la paloma’ y dice que, estando un día la primera bebiendo agua en un arrollo, se cayó a éste. Entonces una paloma la rescató y le dio calor. Tiempo después, un cazador se aprestaba a tirar contra ésta y, viéndolo la abeja, picó al hombre haciéndole errar el tiro. En consecuencia, la moraleja es que, si ayudamos a los demás sin esperar nada a cambio, más temprano o más tarde nos será recompensado.

Otra versión de esta fábula convierte en protagonistas a un león y un ratoncillo. Dice que, estando el primero durmiendo la siesta, fue molestado por un grupo de ratones. Harto, capturó a uno de ellos pero le perdonó la vida. Días más tarde, el león cayó en la red de unos cazadores y fue liberado por los pequeños roedores. En fin, otra variante de interés por ahondar en la condición humana toma como personajes a un maestro oriental y a un alacrán. Y es que la mayoría de las fábulas se repiten en cuanto a sus distintas moralejas desde tiempos inmemoriales.

Por otra parte y como no podía ser menos, una literatura tan rica como la española, tenía que contar con buenos fabulistas y así es. Los dos más populares fueron Félix María de Samaniego (Laguardia, Álava, 1745-1801) y Tomás de Iriarte (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1750-1791). No obstante, el primero elimina de las suyas la ingenuidad infantil para cultivar cierta crítica social aunque su tono es igualmente didáctico. En cuanto a Iriarte, presumía de que sus fábulas eran originales. Sin embargo, como las del anterior, se basan en la tradición clásica.

Vía: ’365 Fábulas para Niños’.

Foto: Editorial Juventud.