Cuento ‘Bocado de viento’

Un relato de la tierra en el que la Naturaleza y los conflictos armados determinan la vida de los habitantes de una aldea.

Lago en la jungla

Los estudiosos de la literatura hispanoamericana denominaron “novela de la tierra” a una tendencia surgida a principios del siglo XX cuyo rasgo fundamental era presentar al ser humano en lucha con la poderosa naturaleza del Nuevo Mundo, una fuerza brutal que termina avasallándolo. Pertenecen a esta corriente, por ejemplo, ‘La vorágine’, del colombiano José Eustasio Rivera; ‘Anaconda’, del uruguayo Horacio Quiroga y ‘Canaima’, del venezolano Rómulo Gallegos.

Esta tradición ha sido heredada por muchos de los actuales novelistas que, al determinismo de la pujante naturaleza iberoamericana sobre la vida de sus habitantes, añaden el provocado por los conflictos entre ejército y guerrilla.

Uno de ellos es Arturo Arias (Ciudad de Guatemala, 1950), quien figura entre los más destacados narradores de su país en la actualidad y al que debemos el relato ‘Bocado de viento’. Profesor de Estudios Latinoamericanos en varias universidades de Estados Unidos, Arias ha publicado trabajos académicos sobre la literatura guatemalteca y, hasta ahora, seis novelas: ‘Después de las bombas’, Itzam Na’ (con el que obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1981), ‘Jaguar en llamas’, ‘Los caminos de Paxil'; ‘Cascabel’ y ‘Sopa de caracol’. En todas ellas tiene protagonismo lo étnico precolonial por un lado y la vida y costumbres de su país por otro.

Todo esto, unido -como decíamos anteriormente- a una naturaleza desbocada se halla en el cuento ‘Bocado de viento’. Sus protagonistas son Petronio y Romualda, una pareja que habita en Nuevo Amanecer, un poblado en la selva. Para ganar dinero, él decide instalar un puesto de refrescos. Pero, para ello, tendrá que comprar un congelador. Después de mil penurias, consigue que éste llegue a la aldea.

En principio, no le va mal. Vende mucho a los guerrilleros y gana dinero. Sin embargo, cuando aparece el ejército, se le acusa de haber vendido a los subversivos y se le requisan las ganancias. Éstos convencen a los habitantes del pueblo de que la mejor salida que tienen es emigrar a México pero, para ello, deben cruzar la selva. Todos parten a bordo de una balsa y llevan consigo el congelador. No obstante, en el camino les esperan muchos peligros. Como decíamos, se trata de un relato en que la fuerza de la Naturaleza está siempre presente y, en este caso, también el conflicto armado impide la prosperidad de los nativos. Incluso diríamos que hay algo de realismo mágico en todo lo referente al arcón para congelar.

Vía: Literatura Guatemalteca.

Foto: Iván Mlinaric.