Editorial Destino no sólo publica toda la obra en castellano de Stéphane Hessel, quien a estas alturas de la película seguramente no hace falta presentar. El autor de “¡Indignaos!” y de “¡Comprometeos!” entrega ahora su biografía, convirtiéndose en las memorias de todo un siglo, donde repasa los capítulos más conocidos de su vida, cuando perteneció a la Resistencia Francesa contra los nazis, la participación en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 como diplomático y redactor, así como la relación que mantuvo con grandes figuras de la historia reciente como Walter Benjamin, Alexandre Kojève, Charles de Gaulle, Nelson Mandela, Picasso o Max Ernst, entre otros.
Hijo del escritor de origen judío Franz Hessel y de la pintora Helen Hund, que formaron parte de un trío bastante interesante con Henri-Pierre Roché (y retratado en el filme de Françoise Truffaut Jules et Jim), Stephane Hessel nació en Berlín el 20 de octubre de 1917. Su carrera diplomática, tras la cita Declaración Universal de los Derechos Humanos, transcurrió en el Indochina francesa, Argel, Ginebra, en Burundi, vecina de Ruanda, en 1994, con el conflicto hutus-tutsis). El baile de Hessel con el siglo incluye una reflexión que da una idea del punto de vista de la obra: ¿Conocerán nuestras sociedades un nuevo amanecer o un crepúsculo definitivo?
En el prefacio se apuntan algunas respuestas, como podéis descubrir en este extracto:
“Hace catorce años di por terminado este «baile» persuadido de que mi vida, que había alcanzado ya los ochenta años, se terminaría con el siglo. Y ahora llego al final de una nueva etapa tan fértil en compromisos como las que la precedieron. Hay, pues, aún mucho que contar sobre lo que para mí han sido los diez primeros años de este nuevo siglo. Estos años me han permitido conocer mejor los dramas de Oriente Próximo. Invitado allí por israelíes disidentes para conocer la degradación infligida a los valores humanos del judaísmo por gobiernos torpes, entre 2002 y 2010 realicé cinco estancias en Cisjordania y Gaza. Regresé convencido de que Israel no será el país seguro y próspero que merece ser hasta que no permita que nazca a su lado un Estado palestino que comparta con él como capital de los dos Estados una Jerusalén con vocación internacional.”
Sin embargo, la coronación de este decenio la constituye la extraordinaria acogida de un pequeño panfleto que Éditions Indigène de Montpellier publicó en octubre del año pasado bajo el atractivo título de ¡Indignaos! En el mismo, me dirigía a un público lector que imaginaba reducido y hacía pública mi convicción de que los valores de la Resistencia corrían el peligro de ser olvidados o ninguneados en un período en el que triunfan la economía capitalista neoliberal, el desprecio hacia las poblaciones desfavorecidas y la degradación de los recursos de nuestro planeta. Resulta que la indignación reclamada de manera algo imprudente para apoyar la acción de la que el Collegium pretendía ser el guía halló un eco prodigioso. Es evidente que en estos diez años el mundo ha experimentado cambios espectaculares. La cuestión planteada en el último capítulo de Mi baile con el siglo, «¿Conocerán nuestras sociedades una nueva alba o un crepúsculo definitivo?», parece hoy más candente que nunca. Soy feliz de poder aún, por breves que sean las horas que me queden, seguir reflexionando acerca de ello. Por ese motivo estoy muy contento de compartir una vez más con numerosos lectores el placer que he tenido al hollar de nuevo, en las páginas que podrán leer, un largo camino recorrido con fervor, guiado por unos padres generosos con su cultura, expuesto a una serie de experiencias enriquecedoras, ninguna de las cuales, ni siquiera la más cruel, logró que se tambaleara mi alegría de vivir.”
