Maquiavelo, “el fin justifica los medios”

Existen diversos criterios para juzgar la huella histórica que ha dejado un ser humano en su paso por el mundo. Algunos se han hecho un lugar en las crónicas históricas por medio de dejar su nombre a un invento o medicina, otros han se lo han puesto a territorios y ciudades. Sin embargo, pocos consiguen que su propio nombre pase a formar parte del acervo lingüístico de una nación o de un continente. Eso es precisamente lo que consiguió un versátil escritor cuya muerte cumple hoy 480 años. Hablamos de Nicolás Maquiavelo. Según la segunda acepción que el Diccionario de la Real Academia Española da al término maquiavelismo, este término se refiere al “modo de proceder con astucia, doblez y perfidia”. Sin embargo, la primera acepción nos pone en situación histórica sobre el “progenitor” de la palabra: “Doctrina política de Maquiavelo, escritor italiano del siglo XVI, fundada en la preeminencia de la razón de Estado sobre cualquier otra de carácter moral.”

nicolas-maquiavelo-el-principeEl autor que recordamos hoy, nace y muere en Florencia. Allí sirve como alto funcionario del gobierno florentino, a sus 25 años, en el puesto de Secretario de la República de los Diez. Este cargo y su insaciable apetito lector, le permiten ser utilizado en importantes misiones diplomáticas con otros monarcas, con los que obtiene grandes éxitos, como en el caso de sus negociaciones con el monarca fránces Luis XII. No obstante, en la formación de su teoría política, hace una división entre el poder y la moral, que mas tarde plasmará en su obra más conocida ,“El Príncipe”. En ella Maquiavelo expone las implicaciones del gobierno de una nación, temas como “qué es un principado, cuáles son sus clases, cómo se adquieren, cómo se conservan y por qué se pierden”. Algunas de sus afirmaciones nos muestran a un ser calculador, frío e hipócrita que justifica los medios por el fin del poder. No es de extrañar que con el paso de los siglos haya quedado acuñado el adjetivo “maquiavélico” para aquel “que actúa con astucia y doblez”.


Sin embargo, la vida de Nicolás se ve envuelta en los mismos vaivenes políticos que describe en sus escritos y finalmente, después de haberse librado “in extremis” de una ejecución por conspiración contra los Medici, se dedica a su faceta creativa de forma plena. No solo escribirá “El Príncipe” en el año 1513, sino también “Los diálogos sobre el arte de la guerra” (1516), “Los discursos sobre la primera década de Tito Livio” (1519) y su afamada comedia “La mandrágora” (1520). Finalmente, y como prueba de sus grandes dotes diplomáticas recibe el encargo del papa León X, miembro de los Médici, de escribir “Las historias florentinas”. En resumen, hablamos de una vida dedicada a sobrevivir en cualquier ambiente político y social, cuya obra refleja y justifica muchas de las atrocidades producidas por el abuso del poder más despótico. Un legado que sigue levantando controversias, y que no deja de causar perplejidad en una sociedad como la nuestra donde suponemos la justicia y la verdad como valores que atesorar.

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