El Pequeño Nicolás, René Goscinny

De los libros más antiguos y queridos que conservo en la estantería, de los que más veces me he leído (podemos estar hablando de decenas) desde mi infancia, sobresale este pequeño Nicolás (1960), una suerte de colección de relatos para niños y el precursor de una inevitable saga sobre el personaje que comprende los posteriores títulos Los Recreos del Pequeño Nicolás, Las Vacaciones del Pequeño Nicolás, El Pequeño Nicolás y los Compañeros, y Joaquín tiene Problemas, publicados en los años inmediatamente posteriores. Títulos no menos conseguidos que este primer volumen y de idéntica fórmula narrativa.

René Goscinny (1926-1977), más conocido por ser el guionista de series de cómics como Astérix y Lucky Luke, representa uno de los mitos de la literatura francesa y europea para niños. Con su pequeño Nicolás compuso una estructura que es ya un clásico: un conjunto de relatos autoconcluyentes sobre Nicolás, un niño normal pero elocuente y perspicaz, que constituyen meras anécdotas pero que consiguen que vayamos poco a poco conociendo a Nicolás y a sus amigos. Porque hablar de Nicolás es hablar de Godofredo, cuyo padre tiene mucho dinero y siempre le compra de todo; de Agnán, el empollón de la clase; de Alcestes, su mejor amigo, al que le encanta comer; de Clotario, eternamente “el último de la clase”; de Majencio, de Rufo, de Eudes… y de una pandilla realmente inolvidable.

En nuestro país esta forma de lectura ha llegado a miles de niños gracias a la serie de Manolito Gafotas, que indudablemente bebe de este conjunto de libros, igualmente hilarante y más brillante. Una serie que no ha sido castigada con el paso del tiempo y que aún hoy es un libro de referencia para niños, usualmente recomendado por profesores en multitud de colegios.

A la gran calidad de relatos-capítulos hay que añadir la estupenda labor del dibujante Jean-Jacques Sempé (1932), que con sus expresivas ilustraciones sobre el mundo de Nicolás, se logra una increíble sintonía que provoca un resultado inmejorable.

La decisión de narrar las aventuras del niño en primera persona, a priori arriesgada, es de lo más conseguido, acercándonos a esa lógica infantil, a esa presunta coherencia, la innegable inocencia, el utopismo, sus miedos, sus deseos, y esa tendencia de los niños a aunar lo más relevante con detalles triviales, así, en el mismo saco.

Algunos relatos están más logrados que otros, pero todos son imprescindibles porque conforman un universo memorable, por el que Nicolás recibe lecciones de la vida o simplemente se divierte. Es un estudiante mediocre y suele desobedecer a sus padres, y esto se muestra con una brillante y finísima ironía, ya que a través de los ojos del niño todo es mucho es más simple y sencillo de lo que puede apreciarse en el mundo adulto, pero se adivinan unas consecuencias desconocidas para Nicolás, pero evidentes para el lector, y más aún si el lector le lleva varios años de ventaja. Sus padres están resignados ante el comportamiento rebelde e inquieto de su hijo, pero a menudo reaccionan con sarcasmo ya que suelen tener cosas más importantes en que pensar. Este comportamiento también lo hemos visto en la posterior serie de cómics de Calvin y Hobbes (1988).

Esperar que a Nicolás le pasen cosas extraordinarias es absurdo. Este libro es un canto a la monotonía y a la cotidianeidad, en donde se relatan acontecimientos tales como: hoy viene el fotógrafo a la escuela, hoy jugamos un partido de fútbol, hoy jugamos a los cow-boys, hoy viene el inspector, hoy me dan el boletín de notas y me voy de casa… y esto es precisamente lo que lo hace grande. Nicolás se siente especial ante tales vivencias, y consigue que el lector lo vea especial.

Imprescindible. Clásico indiscutible de la literatura infantil y juvenil. Una joya para todo tipo de lectores. Para los niños, porque es un arrebato de diversión, y para los más mayores, porque es un arrebato de nostalgia.

Desde 2004 tenemos la suerte de que gracias a la hija de Goscinny, Anne, y el propio Sempé, se han publicado 80 relatos inéditos sobre el pequeño Nicolás. Una publicación póstuma que sin duda merecerá la pena.