La Antártida, reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia (y III).

El insalvable problema de la ambición sin límites de los Estados por la obtención de recursos naturales, de fuentes de energía… Ahí nos quedamos. Así estaba la situación. Se había avanzado, pero se había pasado de largo en lo referente a ese problema. Quizás era demasiado pedir para un primer acuerdo internacional sobre la Antártida.

Aunque fuera por una cuestión puramente crematística, es cierto que hubo un incremento del interés de la comunidad internacional por participar en la política antártica, frente al papel privilegiado del denominado club antártico, integrado por los 12 países que firmaron el Tratado de Washington.

De hecho comenzaron a suscribirse nuevos tratados internacionales:

A) El Convenio sobre la conservación de Focas en el Antártico, de 1 de junio de 1972.

B) El Tratado de Canberra, de 20 de mayo de 1980, sobre la conservación de los recursos vivos del medio antártico.

C) Y por fin, el Tratado de Wellington, de 2 de junio de 1988, sobre la regulación de las actividades relativas a los recursos minerales de la Antártida.

AntártidaEste último trató de prevenir las amenazas que se cernían sobre el medio ambiente antártico, pero no prohíbe las actividades relacionadas con los recursos minerales, sino que se limita a establecer un marco jurídico general para el caso de que llegaran a iniciarse algún día, de tal manera que se hiciesen compatibles con las exigencias de la protección del medio ambiente antártico.

En definitiva, quedaba abierta la puerta a la explotación de los recursos naturales de la Antártida, por mucho que el tratado recogiera una serie de principios para la protección del medio ambiente antártico.

Como suele suceder en estos casos, y por desgracia en nuestro país tenemos experiencia, tuvo que llegar la catástrofe ecológica que hiciera reaccionar a la comunidad internacional ante el evidente riesgo de los pasos que se estaban dando: el 28 de enero de 1989, una buena parte de las 800 toneladas de petróleo que transportaba el buque argentino Bahía Paraíso se derramó en las aguas antárticas, a consecuencia de un accidente, contaminando gravemente la zona afectada. Y llegaron las reacciones: en el mes de agosto de ese año, Australia y Francia anunciaron que no se vincularían por el Convenio, propugnando que la Antártida fuera declarada “una reserva natural, tierra de ciencia”, en la que toda actividad relativa a los recursos minerales estuviera prohibida. A su vez, otros muchos países miembros de la ONU criticaron el hecho de que un reducido número de Estados pudiera decidir sobre la distribución de los recursos minerales de la Antártida. A todo ello se sumó la presión de las organizaciones ecologistas.

La consecuencia fue que el Tratado quedó de hecho en una vía muerta, sin llegar a entrar en vigor.

De esta manera llegamos al final, de momento, de esta constante lucha por salvar a la Antártida. Ese final, o punto y seguido, porque los recursos naturales de la Antártida siguen siendo ambicionados y siguen siendo objeto de discusión internacional, se produce en Madrid, en el año 1991, con la celebración de la Conferencia sobre la Antártida.

De esta Conferencia surge el Protocolo sobre la protección ambiental, que complementaba el Tratado Antártico, y venía a prorrogar esos acuerdos adoptados inicialmente por un plazo de treinta años. Este Protocolo, en su artículo 7, prohibía, por fin, cualquier actividad relativa a los recursos minerales, salvo la investigación científica. En su virtud, las Partes se comprometen a la protección global del medio ambiente antártico y los ecosistemas dependientes y asociados, y designan a la Antártida como “reserva natural, consagrada a la paz y a la ciencia”.

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Una medida clara, contundente e ¿irreversible? El tiempo lo dirá. Más en estos tiempos, en los que acecha un nuevo peligro para este territorio, un peligro no menos real e importante que el de la explotación de sus recursos naturales: el turismo. Ya hay numerosas agencias de viajes que ofertan excitantes e inolvidables visitas a la Antártida, eso sí, con los correspondientes consejos al turista para que se esmere en su comportamiento para con el medio ambiente. Lo que digo, un peligro más para este bello continente.

Ya hay 1 comentarios. ¿Quieres dejar el tuyo?

  • Nestor
    24 dic 2009

    cuales son los recursos minerales que hay en la antartida ??????

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