‘La lección’, de Eugène Ionesco

Una obra inscrita en el “teatro del absurdo”, creado por el autor junto a Beckett, y que muestra simbólicamente la explotación del individuo por la sociedad.

Clase vacía

Todos los géneros literarios sufrieron una profunda renovación a lo largo del siglo XX. Pero, entre ellos, quizá haya sido en el teatro donde más audacias experimentales se produjeron, hasta modificar totalmente su concepción. Desde la dramaturgia dialéctica de Bertold Brecht y el llamado “teatro de la crueldad” de Antonin Artaud, han sido enormes los cambios que el género dramático ha atravesado.

Después de la Segunda Guerra Mundial, una de estas grandes modificaciones fue la irrupción del “teatro del absurdo”, creado por el irlandés y Premio Nobel de Literatura Samuel Beckett y que contaba con el precedente indiscutible de las obras de Alfred Jarry ?sobre todo, ‘Ubú Rey’- a fines del siglo XIX.

Junto a Beckett, otro gran dramaturgo participó en la aparición de esa variante dramática que, para mostrar el absurdo de la existencia humana, presentaba situaciones carentes de lógica rodeadas de un ambiente sofocante donde criaturas desvalidas eran incapaces de comunicarse. Se trataba del rumano-francés Eugène Ionesco (Slatina, 1909-1994), quién, con el estreno de ‘La cantante calva’ en 1950, marcó el inicio de tan audaz concepción teatral. En ella, la señora Smith y su marido mantienen un diálogo que combina preguntas sobre cosas que ya saben con afirmaciones absurdas, como cuando ella señala que es Sherlock Holmes. Y, por cierto, aparece incluso un bombero pero ninguna cantante sin pelo. Tras esta pieza, que aún continúa representándose, Ionesco estrenó ‘Las sillas’, ‘El nuevo inquilino’ o ‘El rinoceronte’, considerada su mejor obra y que presenta a todo un pueblo cuyos habitantes, salvo uno, se convierten en ese animal.

Y también ‘La lección’, estrenada en el Théâtre de Poche Montparnasse en 1951. En escena aparecen un profesor y una alumna a la que da una clase. A medida que ésta va avanzando y ante la falta de comprensión de su discípula, el maestro va haciéndose más agresivo mientras aquélla pierde por momentos su vitalidad. Finalmente y sin mayor motivo, se produce un desenlace brutal.

La obra podría interpretarse como el choque del individuo contra la sociedad, que exprime todas sus cualidades y, finalmente, al haberle sacado ya todo su potencial, termina desechándolo. Y es que, en la raíz de este “teatro del absurdo”, se hallan las corrientes existenciales de mediados del siglo XX, nacidas de la brutal experiencia de la Segunda Guerra Mundial y tan magistralmente llevadas a la novela por figuras como Albert Camus. En este sentido y en su simbolismo, ‘La lección’ es una obra extraordinaria.

Fuente: Eugène Ionesco.

Foto: Ishmael Daro.