‘Marianela’, de Benito Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós es uno de los más grandes narradores en castellano, no sólo de la etapa realista, sino de toda la historia de nuestra literatura. ‘Marianela’ es una de sus primeras novelas. Protagonizada por una muchacha fea y pobre, pero de gran corazón, constituye un hermoso canto a la belleza interior de las personas.

En el último tercio del siglo XIX, en pleno éxito del movimiento literario del Realismo, el francés Émile Zola propuso intensificar aún más esta tendencia, dando lugar a lo que se conoce como ‘Naturalismo’. Utilizando la técnica fotográfica sobre la realidad igual que aquél, lo que Zola defiende consiste en aplicar las ideas científicas del doctor Claude Bernard a la literatura. Éste, apoyándose en la filosofía positivista en boga, propugnaba que la vida de las personas se halla determinada por sus orígenes y por el medio en que viven. Es decir, que la herencia genética y la sociedad en que se desenvuelven condicionan al ser humano en su desarrollo vital.

Una portada de 'Marianela'

Una portada de 'Marianela'

Fruto de ello es una narrativa que entra en los rincones más escabrosos de la vida del hombre: incestos, violaciones, miseria moral y material, serán con frecuencia ingredientes literarios. Y, si en autores como Zola esto no menoscaba la calidad, en muchos imitadores el resultado es incluso obsceno. De cualquier forma, la influencia de las tesis del francés fue desigual en los distintos países.

Así, en España, sus teorías nunca fueron aceptadas del todo. Aquí se prefirió seguir cultivando un realismo más tradicional, aunque introduciendo algunos elementos deterministas, y, sobre todo, sin renunciar al componente espiritual. Y es en este contexto en el que aparece ‘Marianela’.

Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-Madrid, 1920) es de sobra conocido como para esbozar siquiera un perfil biográfico. Diremos simplemente que fue un hombre entregado a la literatura, a la que proporcionó una ingente obra,    fundamentalmente narrativa, aunque también cultivó el teatro, en la cual defiende sus ideas de justicia social y progreso del país. Títulos como ‘Fortunata y Jacinta’, ‘Misericordia’ o ‘Doña Perfecta’ forman parte de lo más granado de la literatura universal y la enorme serie de los ‘Episodios nacionales’ novelan la historia de España a lo largo de todo el siglo XIX.

Personajes como doña Perfecta –la manipuladora cacique de Orbajosa, cuyos manejos acaban con la vida del ingeniero reformista Pepe Rey, que llega a la población para casarse con su hija-, Isidoro Rufete –la infeliz muchacha con ínfulas de grandeza de ‘La desheredada’, que está convencida de ir a recibir una gran herencia y acaba en la prostitución- o la pobre Fortunata –víctima del parásito adinerado Juanito Santa Cruz, que la utiliza y la abandona- forman hoy día parte del mosaico de grandes creaciones de la literatura.

Galdós, retratado por Sorolla

Galdós, retratado por Sorolla

‘Marianela’ es una hermosa novela publicada en 1878. Pertenece a lo que la crítica denomina su ‘segunda etapa narrativa’, cuando ha dejado a un lado las obras de tesis –llamadas así porque su esencia era defender las ideas del autor de forma un tanto maniquea- y se concentra en reflejar la sociedad y la condición humana.

La acción se sitúa en un pueblo minero del norte de España, en torno a 1860. Marianela, Nela, es una muchacha huérfana -hija de una alcohólica que se había suicidado-, pobre y poco agraciada físicamente, que se convierte en lazarillo de Pablo, un joven ciego de familia adinerada. La infeliz se enamora del muchacho y juntos conciben planes de futuro, en especial Nela, que sueña las mayores fantasías para su vida juntos.

Pero, un día, llega al pueblo el doctor Teodoro Golfín, un prestigioso oftalmólogo que se propone operar a Pablo para que recupere la vista. Cuando este hecho se produce y el joven puede ver a Nela, la rechaza por su fealdad y, de acuerdo con su familia, se promete en matrimonio con su prima Florentina, joven mucho más hermosa.

La infeliz Nela no logra reponerse de este rechazo, al verse despreciada por Pablo, que era su única razón para vivir.

Pese a sus claras diferencias ideológicas, Menéndez Pelayo -en la foto- y Galdós fueron grandes amigos

Pese a sus claras diferencias ideológicas, Menéndez Pelayo -en la foto- y Galdós fueron grandes amigos

Junto a esta triste pero preciosa historia de fidelidad y amor, Galdós nos presenta la vida en la población, Aldearoba, como decíamos un pueblo minero. Critica las duras condiciones de vida del proletariado, del que Nela forma parte, en la línea reformista y de mejora social que conforma el pensamiento del autor.

Pero, sobre todo, ‘Marianela’ es una obra sobre la grandeza del espíritu humano. Esa muchacha cuya vida ha sido miserable y que, no obstante, conserva intacta su limpieza de alma se nos aparece como un ser extraordinario, cuya nobleza la lleva incluso a perdonar el rechazo de su amado. La infeliz había construido un castillo de arena con sus ilusiones y éstas se vienen abajo, simplemente por su fealdad, en el momento en que Pablo recobra la vista y prefiere casarse con su hermosa pero frívola prima.

Al tiempo, Galdós utiliza el argumento que ha creado para criticar con dureza el mundo de las apariencias. Rechazamos a las personas por su aspecto físico, sin reparar siquiera en su parte espiritual, humana, la cual –muchas veces- tiene unas virtudes enormemente más grandes que las de aquellos a quienes aceptamos por el mero hecho de ser bellos. Y, en este sentido, la obra alcanza cotas de intemporalidad y universalidad, pues, como vemos, el tema no pude ser más actual. El mundo hoy –y parece que siempre- se rige por las apariencias, por la imagen que proyectamos de nosotros. Debemos ser guapos, delgados y triunfadores para ser aceptados. Desde luego, la estupidez del género humano es, en ocasiones, abrumadora.

El resto de los personajes quedan ensombrecidos por la enorme figura humana de Nela. Tan sólo Pablo, en tanto que contrapunto de la muchacha, tiene algún relieve. Sin ser malo, es un joven frívolo que se rige por las apariencias y que muestra poco tacto en su rechazo de la infeliz. Como decimos, es un eficacísimo contrapunto de Nela, que sirve para resaltar las cualidades humanas de ésta.

La obra se desarrolla en un pueblo minero (en la foto, galería de una mina)

La obra se desarrolla en un pueblo minero (en la foto, galería de una mina)

Por otra parte, el estilo es, como en todas las obras del canario, un tanto desmañado –recordemos que Valle-Inclán, aludiendo a su forma de escribir, lo llamaba ‘don Benito el garbancero’- pero enormemente efectivo para mostrarnos el contenido que el autor desea transmitirnos y que, sin duda, es lo importante.

En resumen, esta narración –menor, para la crítica, dentro de la obra galdosiana- es, a nuestro juicio una obra extraordinaria y un ejemplo para las personas inteligentes, a quiénes recomendamos, dentro de nuestra humildad, vivamente su lectura. Como decíamos, es una exaltación de la grandeza del espíritu humano.

Fotos: Portada de la obra: tomada de Wikisummaries | Retrato de Galdós: Platónides en Wikipedia | Menéndez Pelayo: Joseluis bn en Wikipedia | Galería minera: Kjetilbjornsrud en Wikipedia