“Mariana Pineda”, de Federico García Lorca

García Lorca es más conocido en su faceta de poeta que en la de dramaturgo. Y, aunque ambas van indisolublemente unidas, a nuestro juicio, su obra teatral es aún más valiosa que su poesía. Lorca consigue dar a sus personajes una profundidad dramática, una fuerza trágica, como pocos autores han logrado. Además, sus criaturas representan problemas universales e intemporales del hombre. Todo ello, unido a su calidad literaria, confiere a su teatro un valor que se halla a la altura de los mejores ejemplos de la dramaturgia contemporanea.

La figura de Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1.898 – 1,936) es, tristemente, más conocida por sus avatares vitales que por su obra literaria y ello es injusto, ya que nos hallamos ante uno de los poetas -  líricos y dramáticos – mejores del siglo XX. Y decimos dramáticos porque, a nuestro juicio, su obra teatral supera a su producción estrictamente poética. Algunos de sus dramas rezuman una fuerza trágica – de tragedia en el sentido griego del término – excepcional. Baste citar como ejemplo “Bodas de sangre”, “Yerma” o “La casa de Bernarda Alba”. Él mismo, además, reconoció su pasión por el teatro : “El teatro fue siempre mi vocación. He dado al teatro muchas horas de mi vida. Tengo un concepto del teatro en cierta forma personal y resistente. El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y, al hacerse, habla y grita, llora y se desespera….”.

Ello es lógico si atendemos a su opinión sobre la validez del mismo para la sociedad : “Es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado, puede cambiar en poco tiempo la sensibilidad de un pueblo ; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas (obsérvese lo expresivo de la figura), puede achabacanar y adormecer a una nación entera…..”. De hecho, el propio Federico creó su propio grupo teatral, con el que recorrió el país : “La Barraca”.

Junto a todo ello, el poeta granadino, tan apegado al pueblo y tan aficionado a sus costumbres y a su folclore, que estudió e intentó reproducir en muchos de sus poemas, los cuales tienen la frescura de lo espontáneo, no podía dejar de tomar de él temas e historias vivas que corrían de boca en boca.



Centrándonos en la obra que nos ocupa, “Mariana Pineda”, fue escrita en 1.925 y estrenada en 1.927, durante la Dictadura de Primo de Rivera. En la linea de lo popular, cuenta la vida de la heroína del mismo nombre, coterránea del poeta, que fue condenada a muerte por bordar una bandera liberal. Es, por tanto, un drama histórico en cuanto a la anécdota inicial. Pero Lorca, partiendo de ella, elabora una historia en la que la libertad se mezcla con el amor. Construye un triángulo amoroso : Mariana está enamorada del liberal Pedro Sotomayor y éste le corresponde, pero ama más a la libertad ; por su parte, Pedrosa, el hombre de la ley, está enamorado a su vez de Mariana. Al saber éste último que no es correspondido y que la heroína ama a otro, la prenderá con la excusa de la bandera y la llevará al cadalso.

Pero la obra es mucho más que eso. Dentro de lo que el crítico Ruiz Ramón denomina “la situación dramática básica que es núcleo de la dramaturgia lorquiana”, y que se repite en todas sus obras, “Mariana Pineda” presenta un argumento el cual es resultado del enfrentamiento de dos fuerzas, que podemos simplificar en “principio de autoridad” y “principio de libertad”, al que se añade el amor.

En efecto, la protagonista – femenina, como casi siempre en Lorca -  es símbolo de la libertad y el amor, que se levantan contra el mundo autoritario, el cual acabará destruyendo a su portadora, porque, para el poeta, amor y libertad no pueden triunfar y, al no poder hacerlo, acaban con quién esgrime esas armas.

Así, Mariana resulta la primera de las heroinas lorquianas cuya vocación de libertad y amor sólo encontrarán salida en la muerte. Luego vendrán otras, cuya cima serán las hijas de Bernarda Alba. El propio autor lo declaraba en 1.933 : “Yo he intentado que Mariana Pineda, mujer de profunda raigambre española, cante al amor y a la libertad la estrofa de su vida en forma que adquiera el concepto de universalidad de aquellos dos grandes sentimientos, y así mi heroína exclama al final de la obra con una voz que viene de más lejos :

¡Yo soy la libertad porque el amor lo quiso!
¡Pedro!  La libertad por la cual me dejaste.
¡Yo soy la libertad herida por los hombres!
¡Amor, amor, amor y eternas soledades!”

El poeta, como no podía ser menos, ha optado por el tono lírico para su obra. Y, en ella, la estudiosa M. Laffranque cree apreciar dos planos, uno más visible y otro más recóndito. El primero es el de la historia individual de Mariana, romántica y heróica, y el aspecto histórico y político de la pieza. El segundo es más abstracto, en el sentido de reflexión acerca de la imposibilidad de la libertad en el mundo : libertad y mundo son dos términos contrapuestos, cuya convivencia es imposible ; por eso, todo intento de libertad en él abocará al fracaso y la muerte. Por eso, en un momento de la obra, exclama la heroína :

“El hombre es un cautivo y no puede liberarse.
¡Libertad de lo alto! Libertad verdadera,
Enciende para mí tus estrellas distantes”.

Por otra parte, Lorca concebía el teatro como espectáculo total y así incluye en la obra, no sólo la actuación, sino también la música, la poesía e incluso los efectos plásticos, la escenificación. Todo ello en armoniosa combinación. El poeta es, a la vez, dramaturgo y director escénico. No olvidemos que ejerció esa labor en su grupo teatral, “La Barraca”.

Sin ser político, Federico era un autor comprometido. El mismo lo señala en sus manifestaciones : “En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reir con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas”. Pero su compromiso era con “el dolor del hombre y la injusticia constante que mana del mundo”. Y así lo muestra “Mariana Pineda”, una mujer incomprendida por su sociedad.

Por tanto, “Mariana Pineda”, sin ser la mejor obra del repertorio lorquiano – papel reservado a sus obras mayores : “Bodas de sangre”, “Yerma” y “La casa de Bernarda Alba” -, es una pieza excelente en cuanto al cuidado de su composición y a su contenido y cuya heroína prefigura en algunos aspectos a las de las obras citadas.