El cuento más pequeño del mundo

Tanto la poesía como el habla cotidiana buscan comunicar sintéticame, sin embargo el oscurecimiento del código poético nos provoca un cierto extrañamiento que nos obliga a prestar más atención cuando leemos un poema. La síntesis poética, dado su alto nivel de codificación, nos permite expresar mucho con poco. Algunos escritores, como Hemingway, han querido aplicar estas normas al cuento. Algunos otros, como Monterroso, han incluso escrito una novela de tan sólo 7 palabras: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

La poesía es para muchos un género profundamente sintético. Cuando digo “para muchos” me refiero tanto a sus detractores como a sus defensores. Los primeros la acusan de ser un lenguaje abstractamente elitista mientras que los segundos admiran su propensión al universalismo y a la síntesis estética. ¿Qué es la síntesis estética? Pues, es la capacidad que tiene un poema para comunicar algo (cada lector llamará ese algo como más le convenga: sentimiento, mensaje, contenido, idea, filosofía, arte, etc.). Ahora bien, existe una diferencia entre la simple comunicación cotidiana y la comunicación poética: el nivel de codificación. Esto es sencillo: cuando hablamos utilizamos códigos para que la persona con la que conversamos nos entienda. Estos códigos son ampliamente conocidos y varían de un país a otro, de una región a otra o incluso de una edad a otra. Por ejemplo, en la década de los 80, en Argentina, cuando alguien en la calle quería preguntarle a un desconocido la hora, le podía decir simplemente “¿me tirás las agujas?”. El uso de la metáfora era conocido por todos y nadie se extrañaba al escuchar esta frase. En el ámbito de la poesía, en cambio, la utilización de la metáfora y de otros procedimientos literarios tiende a oscurecer el código. Ese algo que nos transmite un poema se encuentra entonces altamente codificado y su acceso, o comprensión, se hace más difícil.

pizarnik.jpgTanto la poesía como el habla cotidiana buscan comunicar sintéticame, sin embargo el oscurecimiento del código poético nos provoca un cierto extrañamiento que nos obliga a prestar más atención cuando leemos un poema.
Tomemos el ejemplo de uno de los tantos textos de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik:

Explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome

El interés de este breve poema de a penas trece palabras consiste, precisamente, en una ecuación que podríamos definir así: pocas palabras=mucho contenido. A pesar de la brevedad del texto, podemos encontrar en él muchos aspectos (sentidos) para ser tomados en cuenta “escondidos” bajo la sombra del código poético: podríamos analizar la expresión “palabras de este mundo” como un aviso de la existencia de otro mundo (si hay un “este mundo”, es porque existe tambien un “otro mundo”), como si el mundo de la poesía no tuviera las mismas reglas, las mismas palabras, que el mundo real; podríamos tambien aceptar simultáneamente las dos acepciones del verbo “partir” (dividir una cosa en varias partes o irse) e interpretar el poema según una u otra acepción.
En resumidas cuentas, podemos decir que la poesía, dado su alto nivel de codificación, nos permite expresar mucho con poco. Esta sería entonces la síntesis estética de la que estamos hablando.



Evidentemente, existen numerosos ejemplos de poemas muy cortos que consiguen un nivel filosófico muy interesante. Entre los más conocidos se encuentran sin duda los haikus japoneses que con sólo 3 versos de 5, 7 y 5 moras (no confundir con sílabas) logran plasmar belleza y simbología:

El viejo estanque:
la rana salta
plop.

Entre los exponentes occidentales de este género podemos destacar al escritor norteamericano Jack Kerouac quién, explicando su técnica, escribió:”Un haiku occidental no necesita preocuparse de esas diecisiete sílabas [del haiku japonés], ya que las lenguas occidentales no pueden adaptarse a la fluida y silábica lengua japonesa. Propongo que el haiku occidental sencillamente diga muchas cosas en tres líneas escasas, en cualquier lenguaje. Por encima de todo, el haiku debe ser muy sencillo y estar libre de cualquier artimaña poética, y crear una pequeña imagen y ser tan ligero y grácil como una pastoral de Vivaldi.”
En la literatura en lengua hispana, Jorge Luis Borges, produjo 17 haikus:

Callan las cuerdas.
La música sabía
lo que yo siento.

40_bicho.gifTodos estos ejemplos nos muestran la economía textual de la poesía. Ahora bien, ¿qué hay del cuento? ¿puede el cuento competir con la síntesis estética de la poesía? ¿o debemos pensar al cuento como una sintésis estética de la novela?
Una vez, hablando con una amiga escritora e incipiente cineasta, hablamos precisamente de ello y comparamos la relación entre cuento-novela con el binomio cortometraje-largometraje. Llegamos a la conclusión de que, dada la necesidad de síntesis que presenta la realización de un corto, era mucho más fácil (narrativamente hablando) rodar una película. Las elipsis temporales, los planos de la narración, las secuencias estructurales podían ser manejadas con mayor soltura (y sin tantas restricciones) en un film cuya duración oscilaba entre 1 hora y 1 hora y media. Lo mismo pasaba con el cuento, en el que los elementos superfluos y sin embargo necesarios, no encuentran su lugar (en algún otro momento hablaremos de estos detalles de aparente poca importancia).
Hace un poco menos de dos años (en noviembre del 2006), la revista Wired realizó un pedido a una serie de escritores: debían escribir un cuento con sólamente 6 palabras. El juego literario estaba basado en el célebre cuento de Ernest Hemingway: “Vendo zapatos de bebé, sin usar”. Entre los cuentos envíados podemos leer:
“Muy confundido, leyó su propio obituario” o también “Hallan cadáver incompleto. Médico compra yate”. Estos textos funcionan con la lógica de lo no dicho, lo que se esconde tras el código literario y pueden funcionar bajo la óptica de la economía poética. ¿Qué relación oculta existe en el hecho de que un médico se compre un yate y la aparición de un cadáver incompleto? El lector decide aquí el sentido que más le convenga.
Entre los escritores latinoamericanos, es muy conocido el caso del texto publicado por el escritor guatemalteco Augusto Monterroso:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

Pero, a diferencia de los otros cuentos cortos (o cortísimos), Monterroso, quizás en un acto de ironía literaria, terminó calificando su cuento como una novela

Ya hay 10 comentarios. ¿Quieres dejar el tuyo?

  • maria
    13 may 2009

    el cuento mas pequeño del mundo sera como
    un chupete de niño bebe

  • roxana
    23 may 2009

    es increwible

  • cecilia
    19 ene 2011

    pues que deberia ser mas corto el cuento

  • cecilia
    19 ene 2011

    pues que los cuentos deben ser mas cortos

  • 19 ene 2011

    que los cuentos sean mas cortos

  • luli baba
    09 jul 2011

    cornelius almirantes , debeis poner mas cortes a su cuenterete , pues vale mas que se entienda a que sea largo y sin literaatura intermedia , compren zapatos nice

  • luli baba
    09 jul 2011

    ahh y por favor la coresia es comercial no imprudencial pues la economia bazada en su conocimiento hace a la literatura un gran aporte sin saber cuan vale su aporte literario, babeis que nada e smejor que la sabiduria con amor pues sin amor y literatura , seria en vano , nuestro vivir.

  • luli baba
    09 jul 2011

    que poetio .que epensasais..?? ayundeme a ponerlo bien ,.que deberia cambiar,
    .

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