Edipo Rey

Nos cuenta la leyenda mitológica que la ciudad de Tebas fue fundada por Cadmo, rey fenicio y hermano de Europa, Cílix y Fénix. Su abuela había sido Io, aquella a la que Zeus había convertido en ternera (para que escapara de los celos de su esposa) y Hera le había puesto un incordioso tábano que la persiguió por todo el mundo. También Europa, la hermana de Cadmo, va a tener su vida marcada por la ganadería bovina, porque, es sobradamente conocido que fue secuestrada por Zeus, que, con forma de Toro blanco, la trajo hacia occidente y la dejó en Creta (alusión evidente y clara sobre el nacimiento de la civilización europea a partir del pueblo minoico que se estableció en esta isla), esta Europa será madre, precisamente, del rey Minos, del del Minotauro, pero esa es otra historia.

Sigamos con Cadmo. El padre de Europa, al ser secuestrada su única hija, manda a los hijos en su búsqueda. Cadmo, al llegar al continente europeo, se dirige al oráculo de Delfos y éste le dice que no se ocupe más de su hermana y que, en cambio, tome como guía una vaca (de nuevo, las vacas) que encontrará suelta y allá donde la vaca se pare a descansar, establezca su hogar y funde una ciudad. Así lo hace y el resultado es Tebas en la Beocia (palabra que etimológicamente también guarda cierta relación con la vaca). Cadmo encuentra que esta zona no estaba deshabitada precisamente, sino que vive aquí un dragón (hijo de Ares), al que tiene que combatir. Una vez que éste muere, Atenea le ordena al joven arrancar los dientes al dragón y enterrarlos. De estos dientes nacerán unos guerreros, los espartanos (hijos de la tierra), que lucharán entre sí, hasta que Cadmo logre pacificarlos, pero para entonces quedan sólo cinco (serán los ascendientes de las cinco grandes familias espartanas).

Cadmo se casará con Harmonía, hija de Ares y Afrodita, y de esta unión nacerán varios hijos: Sémele (la madre de Dioniso/Baco, consumida por Zeus que se unió a ella en forma de rayo), Ino, Ágave (que será madre de Penteo, del que descenderán, Creonte y Yocasta, y, por lo tanto, Edipo), Autóne y Polidoro (padre de Lábdaco, del que descenderá Layo, y, por lo tanto, Edipo). Los relatos que corresponden a cada uno de estos personajes son apasionantes, pero será mejor ir centrándonos ya en los que ahora nos interesa: Yocasta, Layo y Edipo.

Estamos en el siglo XIV a.C., después de una serie de reinados y regencias, de muertes y asesinatos familiares, de expulsiones y exilios, en Tebas reina Layo. Acaba de llegar del Peloponeso, trayendo consigo, raptado, a Crisipo (del que se había enamorado), hijo del rey Pélope (que le había dado refugio durante su exilio y que, de esta manera, recibió como pago a su hospitalidad una afrenta humillante). La ciudad de Tebas no castiga a Layo, por esto, Hera monta en cólera y trae, desde el Oriente, a la Esfinge, que someterá a la población y devastará los campos. Pélope, el padre ultrajado, también emite una maldición hacia Layo y Crisipo, justo antes de morir.



Layo se casa con Yocasta, a pesar de que un oráculo le advierte que no pueden tener descendencia y, en caso de tenerla, ésta será catastrófica para todos, pues Layo morirá en manos de su hijo (la causa directa sería la maldición de Pélope, la indirecta la serie de crímenes y hechos sangrientos que marcó la historia familiar). Y, sin embargo, nace un niño. El padre, nada más nacer, le atraviesa los pies con punzones y lo expone en el campo, es decir, lo deja morir o, en el mejor de los casos, a que alguien pase, se apiade de él y se lo lleve como esclavo. Y, efectivamente, eso último fue lo que sucedió, pero, no se convirtió en esclavo, sino en heredero del rey de Corinto. Cosas del destino, del que los griegos eran fieles creyentes.

Quien recogió al niño fue un pastor que, conociendo que Pólibo, rey de Corinto, y su esposa Mérope no tenían hijos y querían un heredero, lo llevó hasta el monarca. La pareja real lo cuidó como si de un hijo propio se tratara. Es llamado Edipo por el estado de sus pies (etimológicamente, algo así como el de los pies hinchados o torcidos).

Cuando Edipo crece, alguien lo insulta y le echa en cara su condición de hijo de padres desconocidos. Edipo se asombra, porque él cree firmemente que sus progenitores son Pólibo y Mérope, y, al preguntarles a estos por la verdad, ellos le dan una respuesta ambigua, de tal forma que el joven decide interrogar al oráculo de Delfos. El oráculo le pronostica un futuro bastante negro: matará a su padre y se casará con su madre. Edipo, espantado, no vuelve a Corinto, para evitar tales presagios. Por el camino, se encuentra con una pequeña comitiva, guiada por un hombre de mediana edad. Ambos quieren seguir en el camino, sin apartarse. Edipo acabará matando a Layo, sin saber, siquiera cómo se llama. La primera parte del oráculo está cumplida

A Tebas llega la noticia de la muerte del rey, que había salido hacia Delfos para preguntarle al oráculo qué se debía hacer para acabar con la Esfinge. Creonte, el hermano de Yocasta, queda como rey de la ciudad. Como sigue sin resolverse el asunto del monstruo que asola y atemoriza a Tebas, Creonte emite un edicto, por el que concede el trono de la ciudad y a su hermana Yocasta en matrimonio para aquel que sea capaz de acabar con el espantoso ser.

Edipo llega a Tebas, buscando aventuras, sin destino fijo, y se enfrenta con la Esfinge, no tiene nada que perder y sí mucho que ganar. La Esfinge lo somete a la prueba a la que ha sometido a todos los candidatos y le propone un acertijo: “cuál es el ser, provisto de voz, que es de cuatro patas, de dos y de tres”. El joven le da la solución: es el hombre, que, cuando empieza a moverse por sí solo, lo hace a gatas, cuando es adulto, lo hace con sus dos piernas y, cuando envejece y la edad lo deteriora, necesita un bastón para moverse. La Esfinge enloquece y se suicida, liberando así a la ciudad de su opresión. Edipo recibe, de esta manera, en un solo lote, el reino y la reina. Se ha cumplido, totalmente, el oráculo de Delfos, a pesar de que Edipo lo desconoce todavía.

Y tardará en conocerlo, porque durante años vivirá en paz, tendrá dos hijas (Antígona e Ismene) y dos hijos (Etéocles y Polinices). Hasta que Tebas es asolada por una peste que destruye a la población. Edipo, dispuesto a saber la razón de esta epidemia, investiga hasta las últimas consecuencias y será entonces cuando se descubra la horrenda verdad. Curiosamente el descubrimiento le procura la ceguera, porque Edipo opta por no seguir viendo lo que la vida le ofrece y se saca los ojos, para salir hacia el exilio posteriormente, no sin antes maldecir a sus propios hijos que no le prestan ayuda. Por su parte, Yocasta se ahorca con un lazo de su propio vestido. Creonte quedará como regente de Tebas, hasta que uno de los hijos sea lo suficientemente adulto para tomar el poder. Antígona, en un principio, marcha con su padre, como lazarillo, pero a la muerte de éste, vuelve a Tebas, donde la espera su prometido, Hemón, el hijo de Creonte.

Como la maldición de Edipo sobre sus hijos supone que van a matarse entre ellos por gobernar sobre Tebas, Etéocles y Polinices acordarán gobernar alternativamente sobre la ciudad, y cuando uno esté en el poder, el otro se ausentará. Etéocles queda como jefe de Tebas y Polinices marcha al autodestierro anual, pero cuando llega el momento del intercambio, Etéocles se niega a traspasar el poder a su hermano, que irritado reúne un ejército dirigido por siete reyes aliados (serán los ‘Siete contra Tebas’). En la lucha los dos hermanos mueren, uno en la defensa de la ciudad, el otro, en su ataque.

Creonte prepara los funerales laudatorios de Etéocles que ha muerto defendiendo las murallas, pero condena a ser expuesto y devorado por las alimañas al cadáver de Polinices. Antígona se opone a esta ley, pues para ella, ambos son sus hermanos, ambos son hijos del rey, ambos merecen las mismas ceremonias fúnebres. Por esto, a escondidas, entierra a Polinices, contraviniendo lo decretado por su tío. El enfrentamiento entre Antígona y Creonte va a suponer la victoria de Creonte y la muerte de la muchacha, que es condenada al emparedamiento.

Este es el mito, desde luego que relatado de forma muy general, sin detenernos en las diferentes variantes (que son muchas) para cada uno de los momentos que hemos contado. Y estas variantes las vamos a encontrar en diferentes obras literarias, desde Homero hasta Apolodoro (por hablar sólo de autores griegos), pero me interesa ahora hablar del mito en la tragedia griega (además de los griegos, el latino Séneca tiene también una tragedia titulada Edipo, y, mucho más moderna, no podemos olvidarnos el Edipo Rey de Pasolini). Los tres autores de los que conservamos obras completas han tratado este tema, Esquilo con su Siete contra Tebas nos trae el enfrentamiento entre los dos hermanos, Etéocles y Polinices, con abundantes alusiones a la historia anterior de la familia Cádmica. Eurípides nos deja la historia en fragmentos, pues de esta familia se habla en Bacantes y en Fenicias, en la primera, Las Bacantes se remonta al episodio de la muerte de Penteo (nieto de Cadmo) en manos de las mujeres reales (su madre y sus tías) en trance báquica; las Fenicias nos cuenta el enfrentamiento entre los dos hijos de Edipo (para Eurípides, Yocasta estaría aun viva y Edipo estaría preso en Tebas). Sin embargo, el que más ha impactado desde el mismo momento de su estreno ha sido el Edipo Rey de Sófocles.

Sófocles trata este mito en tres ocasiones, primero Edipo Rey, luego Antígona y, finalmente, Edipo en Colono. Las tres obras son magistrales, pero, de las tres nadie duda en resaltar la primera. Es la obra más perfecta de la tragedia por la forma y el contenido. Sófocles inicia la acción en plena investigación de Edipo para saber por qué Tebas sufre la peste, castigo divino sin visible explicación. Es impresionante cómo Edipo va investigando a través de la palabra y del diálogo, cómo se van dando las pruebas y cómo empieza a sospechar la verdad que, sin embargo, se niega a ver, hasta que el mensajero y el criado develan ante él su verdadero origen y es tan grande el descubrimiento, que lo ciega, metafórica y realmente. Edipo ha pecado de hybris, porque pensó que huir del destino que los dioses le tenían marcado era fácil y los dioses han castigado ese orgullo humano de Edipo que creyó poder evitar la parte (la moira) que se le tenía designada.

Pero es un castigo que va más allá del propio Edipo, se castiga a toda una estirpe, pues hasta Creonte sufrirá sus consecuencias, también su propio hijo morirá, para eso tendremos que ir a la Antígona. Y ya que mencionamos a la Antígona comentar algo sobre ella, si Edipo Rey tiene como tema central el castigo de orgullo de Edipo, en esta ocasión, podríamos decir que el tema central es una dualidad debatida desde antiguo: la justicia divina frente a la justicia humana, la justicia divina que nos alienta a tratar a todos por igual, que le dice a Antígona que tiene que enterrar a sus dos hermanos, frente a la justicia humana, representada por el regente Creonte que se niega a enterrar al traidor a su patria.

Y por mencionar algo también sobre Edipo en Colono, tiene una trama mucho menos dramática y fuerte que la de Edipo Rey, probablemente fue la última de las obras de Sófocles que sentía cerca su muerte, igual que Edipo, que después de vagar de aquí a allá, viejo y cansado llega a Colono y aquí espera al mensajero del rey ateniense Teseo, del que espera hospitalidad. Es una obra totalmente patriótica, pues Sófocles es ateniense y, en el momento de escribir esta obra, estaba en pleno desarrollo la guerra del Peloponeso, hay dos motivos para que Teseo acoja a Edipo, por una parte, según una tradición, la tierra que recibiera a Edipo sería invulnerable, por otra parte, era curioso que Atenas recibiera a un Beocio y gracias a él se convirtiera en invulnerable, justamente en una guerra contra los Espartanos. Pero la historia no siempre coincide con el mito, y, Atenas, pese a haber recibido a Edipo no fue invencible frente a Esparta.

Tampoco coinciden con el mito otras disciplinas, como el psicoanálisis, porque a pesar de haber difundido éste el famoso Complejo de Edipo, el mitológico Edipo no se puede decir que lo padeciera, pues él nunca creyó estar o estuvo enamorado de su madre, sino de una reina llamada Yocasta, viuda de un rey llamado Layo, para Edipo ni una era su madre ni el otro su padre.

Cuando Edipo, en la tragedia sofoclea, acaba descubriendo la verdad se odia así mismo hasta tal punto que prefiere quedar ciego, pero vivo, antes que morir y dejar de sufrir. Queda desamparado y destruido, se convierte en un despojo.

Cerremos el artículo con las últimas palabras de la tragedia de Sófocles, dichas por el coro, que dejan bien clara la intención de la obra:

¡Oh, habitantes de Tebas, mi patria, considerad aquel Edipo que adivinó los famosos enigmas y fue el hombre más poderoso, a quien no había ciudadano que no envidiara al verle en la dicha, en qué borrasca de terribles desgracias está envuelto! Así que, siendo mortal, debes pensar con la consideración puesta siempre en el último día, y no juzgar feliz a nadie antes que llegue el término de su vida sin haber sufrido ninguna desgracia.