¿Cómo aprender a escribir?

¿Cuál es la importancia de los mecanismos de lectura en el momento de emprender un trabajo de escritura? Para dedicarse a escribir hay que ser, antes que nada, lector porque todo texto es siempre una cita de otro.

¿Cómo escribir un cuento? La pregunta parece el título prometedor encontrado en algún folleto callejero que promueve algún tipo de taller literario. La pregunta conlleva una respuesta implícita: preguntarse sobre una manera o técnica de escritura significa que esa manera o técnica existe. Lo que a su vez significa que alguien tiene (¿escondida en un cajón?) una serie de leyes a seguir que facilitarían la producción literaria. Aviso: nunca he ido a un taller literario y siempre he querido saber que se enseña allí. En realidad la duda va más alla de ello: ¿se puede enseñar a escribir? ¿se puede aprender a escribir?

Creo que el riesgo más importante radica en la personalidad del maestro que maneja al taller ya que a veces puede incitar -conciente o inconcientemente- a escribir como él, o como le gusta a él. Este tipo de profesores terminan jugando un rol más dictatorial que de guía literario ya que sólo aceptan una visión única de los hechos: la suya. Algunos me dirán que no todos son así: es cierto. Otros me dirán que ese tipo de maestros son por lo general gente de renombre en la esfera literaria y que sus alumnos buscan convertirse en discípulos, como si se tratase de la vieja escuela pictórica del renacimiento. También es cierto, pero no por ello menos peligroso.

babel.jpgQuizás el mejor consejo que se le puede dar a las personas que quieren “aprender” a escribir es, sencillamente, “aprender” a leer. En ese sentido Borges no estaba tan equivocado cuando decía que todo lo que había leído era aún más importante que todo lo que había escrito. En esta “humilde” frase se encuentra concentrada toda una teoría sobre la literatura que, años después, generó (y sigue generando) repercusiones, ecos, en las diferentes áreas de la filosofía y del análisis literario.

La enseñanza principal de esta idea es la siguiente: toda escritura es siempre, y antes que nada, lectura. Escribir es siempre re-escribir. Esto quiere decir que cada vez que estamos escribiendo un texto, estamos en realidad re-escribiendo otro texto, citando otro texto.



Dos cuentos de Borges nos aclaran este concepto: “La biblioteca de Babel” y “Pierre Menard, autor del Quijote“. En el primero, el autor argentino imagina que el universo es una infinita biblioteca en la que basta con que un texto sea probable para que exista. Por ende, cualquier tipo de combinación de letras -tenga sentido o no- era suficiente para llenar las páginas de los innumerables fascículos perdidos en la biblioteca. Entre ellos existiría una suerte de Libro-Dios que contendría todos los otros libros en él; sin embargo, este Libro-Dios está perdido para siempre. De aquí se desprende una idea importante: todos las obras de la biblioteca son la re-escritura de ese Libro-Dios, son borradores, copias, de esa Obra Original.En “Pierre Menard, autor del Quijote”, Borges nos presenta una paradoja: un escritor francés que desea volver a escribir el Quijote, literalmente, pero sin copiarlo. Para entender mejor de que se trata leamos este párrafo:

Es una revelación cotejar el Don Quijote de Menard con el de Cervantes. Éste, por ejemplo, escribió (Don Quijote, primera parte, noveno capítulo): … la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir. [...]Menard, EN CAMBIO, escribe: … la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.

Ponemos el acento en “en cambio” porque nos muestra la diferencia entre el texto “original” -el del Quijote- y la “copia” -el de Menard. Ambos fragmentos son morfológicamente iguales, sin embargo poseen sentidos diferentes, es decir, se pueden leer de maneras diversas: el estilo de Menard es arcaizante y afectado, él de Cervantes, desenfadado.

Ambos ejemplos nos ayudan a pensar la escritura como lectura: antes de ser escritor, se es lector y mientras mejor lector uno pueda ser, mejor escritor será. Esta idea excedió los dominios de la literatura y fue aplicada en diferentes campos de estudios. El filósofo francés Jacques Derrida, por ejemplo, desarrolla toda una teoría sobre el monolingüismo del otro que, resumiendo groseramente, argumenta que uno habla siempre una sóla lengua, pero esa lengua no nos pertenece: viene del otro, pasa por nosotros y se va. La lengua, como la escritura en nuestro caso, no nos pertenece, viene de otra parte. Así, escribir equivale siempre a citar un texto de otro. Y como ese otro texto se ha perdido para siempre (porque no viene de ninguna parte, porque es siempre cita de otro texto), la literatura sería una casa de citas, un palimpsesto: un texto borrado y vuelto a escribir.

palimpseste.gifEs interesante señalar como esta noción coincide con un fenómeno que advirtió hacia 1930 el ensayista alemán Walter Benjamin: en la época de la reproductibilidad técnica la idea del “alma” de una obra, vinculada a su originalidad y autenticidad, tiende a desaparecer; gracias (o por culpa, como prefieran los lectores) a los mecanismos de reproducción los objetos estéticos pueden ser copiados y reproducidos al infinito, haciendo que la idea del “original” su vuelva obsoleta. Hoy en día nadie se preguntaría por el original de un film cuando vamos a un cine o compramos un DVD; uno no dice nunca “he ido a ver el original de Titanic al cine” o “me acabo de comprar la copia de Titanic en DVD”, sería ridículo. Porque la idea de original desapareció, ya no hay originales, sólo hay copias (borradores) que circulan entre nosotros.

Volviendo al tema del taller literario, hay un ejercicio recomendado por Hernán Casciari que es el siguiente: escribir un texto cualquiera tratando de imitar al máximo el estilo de nuestro escritor favorito; releer el texto y encontrar las frases que no se parezcan en nada a la prosa de nuestro escritor y subrayarlas, ése es nuestro estilo.