Viento del Este, viento del oeste, Pearl S. Buck

Pearl S. Buck logró con Viento del Este, viento del Oeste (1930) expresar un conmovedor relato con tono intimista y de una forma sabia y enriquecedora acercar el mundo oriental y sus costumbres, gracias a que la propia novelista pasó años de su vida en China.

Se cuenta la historia de Kwei-Lan, una joven de familia noble, a la que casan con un rico que inicialmente la rechaza, puesto que él ha sido educado bajo el flujo occidental y niega cualquier tipo de norma de corte ancestral. La escondida rabia que la corre por dentro al principio, la hace luchar desesperadamente por la conquista de su marido, enfrentándose a todo lo establecido desde que era niña y rompiendo moldes con los aforismos y experiencias por parte de su familia.

La mayor virtud del libro consiste en la forma pausada y serena con que está narrado. Como si la narradora confiase plenamente en el lector, parece contarle, cara a cara, todos sus sentimientos durante y tras los sucesos acontecidos en su matrimonio. Acompañado de una ambientación exquisitamente cuidada a lo largo de la China de principios del siglo XX, el personaje de Kwei-Lan resulta fascinante por su realismo y humanidad en un escenario radicalmente diferente al que estamos acostumbrados a ver. La forma en la que la protagonista es sometida a occidentalizarse, es relatada elegantemente, con discrección y sutileza, como si la educación que inunda a los personajes salpicara a la narración. Pearl S. Buck consigue, sin que se le noten mayores esfuerzos, trazar una historia perfecta y emotiva, con pasajes realmente esplendorosos. Con un gran inicio, se desinfla un poco mediado el relato, con un nudo un tanto alargado y falto de ritmo, en el que las sucesivas anécdotas, en principio asombrosas, se tornan monótonas y recurrentes. Aún así, es digna de halago su maravillosa propuesta, con la que construye, sin duda alguna, una de las mejores novelas para entender los principios que seguía la China antigua, hasta su adaptación a la emergente sociedad occidental, en algunos aspectos notoriamente positiva y en otros decadente y escasa de moral.

También es una historia de sufrimiento en silencio, de una chica que querría rebelarse ante todo lo establecido, pero no sabe por qué ni cómo hacerlo. Ni siquiera es consciente de ello. Por eso, es previsible su relajado pero firme camino hacia la adaptación al universo de su marido, que se halla demasiado confiado en que su cultura y su educación es la que debe prevalecer. Un efectista camino hacia la libertad y en pro de los derechos de las mujeres. Siguiendo la pauta marcada por el relato, el final no es especialmente conmovedor, pero al menos no fuerza la lágrima fácil y es fiel al conjunto, en el que la evolución de Kwei-Lan es tan sorprendente como bien narrada.

El hecho de que el libro esté narrado por la propia Kwei-Lan es un importante acierto en todos los sentidos, ya que muestra al lector la fina sensibilidad de la muchacha, en una sociedad educada para apreciar el más mínimo detalle, la belleza intrínseca de todo lo que nos rodea, y la incertidumbre omnipresente en la joven cuando ha de cambiar para satisfacer a su marido se refleja con talento por medio de tranquilos pero inseguros monólogos interiores, llenos de preguntas y reflexiones, acerca del choque de culturas, qué está bien y qué está mal. La asunción del cambio inminente, y sus consecuencias directas.

Una novela infravalorada en su momento, no fue hasta el premio Nobel conseguido por su autora en 1938, cuando se empezaron a apreciar las muchas virtudes de Viento del Este, viento del Oeste, que representa un estilo de novela perfecta: sencilla, emotiva y llena de humanidad.

Aquí puedes leer varios fragmentos.