Viaje al Centro de la Tierra, Julio Verne

Julio Verne (1828-1905) es sinónimo de innovación, de profecía, de futuro, de imaginación arrolladora, y de aventuras maravillosas. Viaje al Centro de la Tierra es su novela más destacada. Si me preguntaran mil veces el por qué, las mil veces respondería lo mismo: por el mágico mundo en que Verne adentra al lector en este libro. Es cierto que hay otras novelas mucho más conocidas, tales como La Isla Misteriosa, 20.000 leguas de Viaje Submarino, Miguel Strogoff, o La Vuelta al Mundo en 80 días, dada la gran cantidad de adaptaciones cinematográficas.
Hoy en día la obra de Verne es tildada de literatura juvenil, porque ya no se ven con los mismos ojos esos arrebatos de originalidad del autor francés. Lo que en su momento era una puerta abierta a otros países, mundos, fenómenos de la naturaleza y viajes increíbles, cada vez resulta menos impredecible todo lo que Verne vaticinó.

Viaje al Centro de la Tierra no es más que el relato de una odisea por el mundo subterráneo, entrando desde Islandia. Los participantes activos de la excursión son Otto Lidenbrock, su sobrino Axel y el guía nativo Hans. A partir de un texto de Arne Saknussemm, el científico se plantea si no habrá una galería por la que se pueda acceder al Centro de la Tierra. Tras descifrarlo de una manera extraordinaria, se ponen en marcha con una increíble motivación, dando fe de las grandes inquietudes por el avance científico y por el enriquecimiento personal que puede aportarles este viaje.

Simplemente las primeras escenas, asombrosamente visuales, hacen que la lectura del libro merezca mucho la pena. Uno se plantea si Verne no ha vivido de verdad en Islandia unos cuantos años. Describe con tanta precisión los lugares, el clima, las costumbres, los detalles de los sitios donde ubica su obra que el lector avanza, página tras página, en una complicidad completa con lo que se le está narrando. No es menos el tortuoso trayecto por las cavernas subterráneas, en el que, con numerosas dificultades y obstáculos, lo que van contemplando y viviendo es cada vez más alucinante, si bien ponen en peligro en varias ocasiones su integridad.

Bien es sabido que el estilo de Julio Verne no es muy brillante. En ocasiones peca de ser demasiado científico y no demasiado cercano al lector medio. Aunque esto no la hace difícil de leer, sí pone en evidencia que algunos párrafos son meros ejercicios de autocomplaciencia del autor. Como las trabas no son de gran cantidad, hay que seguir hablando de las virtudes, y en este sentido, su mayor logro es su capacidad para engendrar escenas e imágenes de forma puramente visual, de forma que las maravillas que se encuentran inmersas en la obra son tan impactantes que el lector no tiene por qué fijarse mucho en la forma en que está narrada la obra.

Aunque la sorpresa final está un poco forzada, y con casi 150 años desde que se publicó, puede resultar hasta predecible, es un indiscutible clásico por su carácter épico, por el argumento, muy conseguido, y porque reafirma el talento imaginativo de Julio Verne, que con Viaje al Centro de la Tierra escribió su obra maestra y un importante folleto de divulgación científica. Al final de todo, cabe preguntarse ¿es posible lo que está narrado aquí?