‘Los novios’, del libro ‘El diosero’

Gran etnógrafo mexicano, Francisco Rojas González plasmó en este relato el casamiento al modo tradicional en su tierra.

diosero

Dos figuras destacan sobre todas las demás en la literatura mexicana del siglo XX. Una es Juan Rulfo, autor de la magistral y estremecedora ‘Pedro Páramo’, y la otra Carlos Fuentes, creador de las no menos extraordinarias ‘Aura’ y ‘La muerte de Artemio Cruz’. Pero, junto a ellos, hay varios escritores nada desdeñables como Mariano Azuela con sus relatos de la Revolución, los poetas Xavier Villaurrutia y Octavio Paz, Elena Garro y sus obras precursoras del “Boom” o el satírico Jorge Ibargüengoitia.

Pero, en lo que a Etnografía se refiere, una de las más importantes figuras fue Francisco Rojas González (Guadalajara, Jalisco, 1904-1951), cuya labor no se limitó al ensayo sino que también escribió cuentos y novelas en los cuales la esencia mexicana tiene una presencia capital.

Entre los primeros destacan ‘Cuatro cartas de geografía de las lenguas de México’, ‘Los zapotecas’ o ‘Atlas etnográfico de México’. Respecto a su labor narrativa, destacan las novelas ‘Lola Casanova’ y ‘La negra Angustias’, ésta última galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1944. En ella se narra la peripecia de una de tantas mujeres que se sumaron a las tropas de Emiliano Zapata durante la Revolución Mexicana (las llamadas “soldaderas”). Pero, quizá, lo mejor de la producción literaria de Rojas González sean sus cuentos. Uno de ellos, ‘Historia de un frac’ fue llevado al cine en Hollywood pero los incluidos en el volumen ‘El diosero’ conjugan su pasión por la etnografía azteca con su talento como escritor.

En estos relatos muestra las tradiciones de los distintos pueblos de su país: ‘La tona’, ‘Las vacas de Quiviriquita’ o ‘Nuestra Señora de Nequetejé’ son algunos de ellos. Y también ‘Los novios’, inspirado en la tradición del “prencipal”, una suerte de patriarca encargado de aceptar y regular los casamientos. De esta suerte, las muchachas nada podían opinar y todo quedaba en manos de sus padres y de este personaje, quien marcaba sus obligaciones y también los derechos que el marido tendría sobre ellas.

Si en este relato Rojas González se ocupa de los matrimonios, en los que le acompañan se centra en otras facetas de la vida indígena. Así, por ejemplo, en ‘El diosero’, que da título al volumen, narra las peripecia de un hacedor de ídolos; en ‘La tona’ cuenta todo el ritual que rodeaba a los partos, o en ‘La triste historia del Pascola Cenobio’ se inspira en la costumbre de que un condenado por asesinato podía ser indultado por la viuda de la víctima a cambio de que se casase con ella para mantener a sus hijos.

Vía: Biografías y Vidas.