La Isla de las Tres Sirenas, Irving Wallace

atolonLas Tres Sirenas son tres islas que forman un pequeño atolón en mitad del Pacífico que no aparece en ninguna carta de navegación, y donde no llegan visitas desde el siglo XVIII. Para ajustarnos a la verdad, los pocos que han llegado han sido asesinados por los nativos. Corren los primeros años 60 y, por pura casualidad, Alex Easterday las encuentra y consigue que el piloto del hidroavión que lo ha conducido hasta allí le presente a dos hombres que le contarán la historia de la mayor de las islas, que es la única habitada.

En 1793, Daniel Wright, que a la sazón era un librepensador de su tiempo y perseguido por las autoridades decidió retirarse del mundo conocido, desembarcó en aquel paraje con su familia y discípulos y convenció al jefe de la comunidad para que cambiaran las normas sociales y se comenzara un experimento sociológico (tipo Gran Hermano) en el que el modelo matrimonial se convirtiera en algo muy diferente a lo que se estilaba entonces en Inglaterra. Para no andarnos con zarandajas: en la isla se estudiaba educación sexual en las escuelas, las relaciones sexuales eran plenamente satisfactorias para ambos cónyuges y una vez al año se celebraba un festival en el que los casados podían tener escarceos con quienes quisieran. Muy a grandes rasgos esto es lo que se repite innumerables veces en la novela de Wallace.

Continuamos con el argumento, porque a partir de este momento la vida de varios eruditos americanos se verá modificada por la más deseable de las sorpresas. Easterday consigue convencer a los nativos para que un grupo de investigadores permanezca seis semanas en la isla para estudiar la cultura que se ha desarrollado allí. La condición sine qua non para que se lleve a cabo el estudio es que la situación exacta de la isla deberá obviarse en los informes y libros a los que dé lugar la investigación. De otra manera no podría seguir sobreviviendo la cultura inseminada por Wright en el siglo XVIII.

Tras lo que parecen mil páginas en las que se nos cuenta la historia personal de cada miembro del equipo que va a investigar en la isla, por fin el hidroavión de Rassmusen, antes marinero y ahora piloto comercial, ameriza en el atolón y los estudiosos desembarcan con más pena que gloria. Entre ellos tenemos a Maud Hayden, prestigiosa etnóloga cincuentona que será la directora de la expedición. También acuden al Pacífico su hijo Marc, también etnólogo, y la joven esposa de éste, Claire, que además es la secretaria de Maud.

Orville Pence es un experto en sexualidad cuyo carácter débil y timorato le ha llevado a dejarse absorber por una madre posesiva. Rachel DeJong es una psicoanalista experta pero una nulidad en lo que se refiere al sexo, de hecho pone en peligro su relación con su prometido al no aceptar las relaciones sexuales como parte del matrimonio. Harriet Bleaska es la enfermera del grupo. Mujer nada agraciada, pero muy simpática y generosa, ella será la primera de todos en interrelacionarse con los nativos y éstos la aceptarán como una de las suyas. Incluso la nombran Reina del Festival por su peculiar belleza interior.

Sam Karpowicz es botánico, fotógrafo y naturalista y se lleva con él a su esposa Estelle y a la precoz hija de ambos, Mary, que ya ha tenido algunos escarceos amorosos a sus dieciséis años. Sus padres ven en las semanas de aislamiento una vía de escape para que Mary vuelva a ser la niña de sus ojos. Por último nombraremos a Lisa Hackfeld, esposa cuarentona del millonario que paga la expedición y que busca en la isla una solución a su principal problema: cumplir años. En las Tres Sirenas los espera la tribu y Tom Courtney, abogado natural de Chicago que abandonó la rutinaria vida que llevaba en América para colgarse un taparrabos y vivir feliz el resto de su vida. Él será el encargado de explicarles los secretos de la comunidad y de hacer de cicerone para todos.

Con todos estos ingredientes, quizá alguien piense que puede resultar una novela interesante. Nada más lejos de la realidad. Es soporífero. Me lo he terminado para poder escribir esta reseña, pero no por gusto o interés. Como habréis supuesto, en la isla cada uno encuentra el remedio para su problema: a Rachel se la liga un morenazo que le pone las pilas y le hace ver que la vida con su prometido va a ser fabulosa. Sam termina aceptando que su hija se ha hecho mayor y que nada tiene de malo esta situación. Harriet sucumbe a los encantos de varios nativos y éstos la idolatran y le piden matrimonio, algo que también hace Orville Pence para evitar que se quede en la isla. Marc y Claire se encuentran en un punto sin retorno en su matrimonio. Él se enamora de una chica de la isla y pretende traicionar a su madre (es que es muy malo el chico) y ella hace lo propio con Thomas Courtney. Lisa Hackfeld se redescubre en la flor de su vida gracias a los bailes que le enseñan los habitantes de las Sirenas.

irving-wallace¿Qué mas puedo contar de este bodrio? Pues que hay mucha gente que lo encuentra arrebatador. A mí me lo recomendaron unas amigas, y es de lo peorcito que he leído nunca. Vamos por partes: lo peor de todo es que es una obra que probablemente en los 60 fuera un descubrimiento y se la considerara casi indecente. Lo puedo comprender porque lo explícito de las descripciones corporales y sexuales llega a ser desagradable incluso en nuestra propia época. Además se repite continuamente la idea de que la promiscuidad sexual es lo ideal y que las sociedades modernas han perdido toda naturalidad en cuanto al sexo puramente placentero. Tristemente no ha aguantado los embites del tiempo y se ha quedado como una mera anécdota de lo que escandalizaba a los abueletes americanos. Recordemos que el puritanismo de los EEUU sigue persistiendo en muchas de sus actitudes ante situaciones cotidianas en el siglo XXI.

La iteración argumental a que se nos somete Wallace (Chicago 1916, 1990) es continua y mientras leemos la novela llega a ser tan cargante que tengo que reconocer que muchas páginas las he revisado con lectura rápida (aquello de leer en diagonal palabras clave, etc). Además la previsibilidad con que el autor desafía nuestra inteligencia es excesiva. Entre esto y que la edición que he manejado tenía una traducción pésima, ha sido una esperiencia poco recomendable. Que se prepare Smallsquid, porque creo que este artículo lo voy a cobrar a precio de oro…