El corazón de piedra verde, Salvador de Madariaga.

Es la primera de las novelas que Salvador de Madariaga agrupó bajo el título de Esquiveles y Manriques, ambicioso proyecto que pretendía narrar la aventura americana de dos familias españolas durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Las siguientes novelas de la saga fueron Guerra en la sangre, Una gota de tiempo, El semental negro, y Satanael. El proyecto del autor quedó inconcluso, y ésta es, como he dicho, la primera de una serie de novelas, lo que significa que con ella no se cierra el ciclo de las andanzas de estas dos familias. No obstante, puede leerse como una novela independiente, porque se ciñe a un periodo histórico muy concreto, la conquista de México por Hernán Cortés, y está estructurada como una novela que permite concluir su lectura sin necesidad de verse obligado a buscar respuestas acudiendo a las que posteriormente dieron continuación al ciclo.

El corazón de piedra verde es, qué duda cabe, una novela histórica, ambientada en la conquista de México, y desde este punto de vista, una novela bien documentada y a la que no se le puede achacar, en mi modesta opinión, la falta de rigor histórico de la que adolecen muchas de las novelas de este género. Especialmente interesante es la parte que detalla la vida (costumbres, cultura, religión) en el México anterior a la conquista de los españoles.

Pero es también una novela de aventuras, que narra las peripecias de Alonso Manrique y cómo y por qué se ve forzado a partir hacia el Nuevo Mundo. Aquí comenzará esa conexión entre el antiguo mundo, el de la vieja España, la de la culminación de la reconquista y la expulsión de los judíos, y el de la América que presiente el desmoronamiento de su propio mundo.

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La novela comienza en ese México anterior a la llegada de Hernán Cortés. En esta primera parte destaca el personaje de Nezahualpilli, rey de Tetzcuco. Es, creo yo, el más logrado de toda la novela, el más lleno de sentimiento y de fuerza interior. Aparece, además, rodeado de otros personajes, también realmente atractivos, como su hija Xuchitl o el joven Ixcauatzin, que le ayudarán a trasladar al lector sus visionarias reflexiones acerca del presente y del futuro de su pueblo.

Es tal la fuerza y el magnetismo de este personaje que quizá tras leer esta primera parte el resto de la novela puede parecer demasiado simple, llena de estereotipos (buenos y malos, nobles y villanos), a veces casi hasta infantil. Además, es una novela bastante larga, lo cual acrecienta incluso esa sensación. No obstante, resulta en general entretenida, porque es también una novela de aventuras, de acción constante, y muy bien ambientada.

Así que, aunque el lector pueda sentirse decepcionado al llegar a ese tramo de la narración (no tiene por qué ser así, pero reconozco que fue mi caso), merece la pena tener un poco de paciencia y acompañar a Alonso Manrique en sus peripecias por el Nuevo Mundo, momento en que la novela recupera parte de esa calidad y misterio que rodean al personaje de Nezahualpilli.

De la joya que da título a esta obra (jade) no diré nada, pues constituye uno más de los mágicos ingredientes que Salvador de Madariaga introduce en la novela para atraernos hacia ese mundo de enigmas, presagios y dioses que dominan la vida de Xutchil y de quienes le rodean.

Como conclusión, diría que me pareció una más que aceptable novela histórica y de aventuras, aunque es una pena que el autor no lograra con todos sus personajes transmitir la magia y la sensibilidad que refleja en el inolvidable Nezahualpilli, rey de Tetzcuco.