‘Adverbios’, de Daniel Handler

Adverbios es la última novela de Daniel Handler que nos trae la editorial Tusquets. Una suerte de saco de cuentos con cierta cohesión, como si un álbum musical conceptual se tratara. Y los cuentos son, precisamente eso, adverbios, que deberían resumir la impresión más profunda que dejan las historias en sí

Está medio loco este Daniel Handler (1970- ). Ya lo demostró cuando se puso en la piel de Lemony Snicket para contar una serie de catastróficas desdichas. No contento con esto, nos trae una colección de relatos llamada ‘Adverbios‘, una suerte de saco de cuentos con cierta cohesión, como si un álbum musical conceptual se tratara. Y los cuentos son, precisamente eso, adverbios, que deberían resumir la impresión más profunda que dejan las historias en sí. A veces es evidente: el cuento ‘Brevemente’ es breve.

A Handler le encantan los diálogos. Sin duda son la esencia de estos ‘Adverbios’. Cuando necesita de una narración ágil y desenfadada, recurre a un personaje que cuente todo a su forma, como una especie de monólogo mitad humorístico mitad minucioso, pero siempre cínico y brutalmente honesto. La principal obsesión es retratar personas dentro de estos relatos. Es un mérito tremendo ya que, en pocas páginas, Handler quiere hacer comprender al lector las motivaciones de sus pequeñas criaturas. En pocas páginas, todo debe quedar suficientemente claro para llegar al fondo de la cuestión y pasar ávidamente al siguiente relato.

Pero la ciudad de San Francisco actúa como un personaje más. De hecho, seguramente es la única que aparece en todos los relatos o en casi todos, constituyendo una atmósfera particularmente mezquina, testigo de todas las imprudencias e insensateces que cometen los protagonistas de los diferentes ‘Adverbios’.


Quizá al autor le puede la ambición estilística, y se preocupa más por el cómo que por el qué. Eso hace que nos encontremos ciertos relatos vacuos, más empeñados en mostrar una narración irreverente y ciertas frases ingeniosas que en contarnos realmente algo. Es el mayor defecto de estos ‘Adverbios‘. Que podemos encontrar verdaderas sentencias; párrafos que nos sentimos tentados de subrayar y de recordar por su originalidad y su radicalidad. Pero en contraposición son muchas las páginas que se mueven entre la intrascendencia y la rutina literaria (por no decir aburrimiento). Lo peor es que ‘Adverbios’ empieza de forma extraordinaria, con los relatos ‘Inmediatamente‘ y ‘Obviamente‘, que seguramente son los mejores de todo el libro.

‘Inmediatamente’ es el amor frenético que un señor aparentemente normal siente por el taxista que le lleva por Nueva York. En ocho páginas se siente la pasión irracional, el patetismo. Handler se ríe descaradamente, con escepticismo, de su propio personaje. En ‘Obviamente’, el joven empleado de un cine, secretamente enamorado de su compañera, tiene varios golpes de fortuna consecutivos, y disfrutamos con su forma peliculera de contar las cosas, influida por la importancia del cine en su vida.

Daniel Handler

Daniel Handler en la presentación del último libro de una serie de catastróficas desdichas

Lamentablemente, como ya he dicho, el nivel baja a partir de ahí, y sólo encontramos ciertos milagros narrativos a la altura de estos dos relatos en ‘Simbólicamente‘, ‘Realmente‘ (más una reflexión que un cuento) o ‘Apenas‘.

El amor. La pérdida. La pasión juvenil. El autor pone en estos adverbios unos temas recurrentes que sirven de unión. Una pizca de Roald Dahl, y mucho de Raymond Carver, pero con esos toques de rebeldía, de nuevos caminos literarios, que hacen de esta imperfecta colección de relatos la consolidación de un autor muy prometedor. Por lo general, una obra disfrutable, divertida, extravagante pero casi irrelevante. No obstante, estaremos muy atentos a Daniel Handler. Nuevo acierto de Tusquets.

Adverbios
Daniel Handler
Tusquets, 2008, Andanzas 669, 314 páginas

Imagen Daniel Handler | Ron Hogan en Flickr