Romeo y Julieta, W. Shakespeare

romeojulieta.jpgCuando hablamos de Romeo y Julieta todos sabemos quién es su autor. De hecho, junto con Hamlet, es la obra estrella de Shakespeare (Stratford-upon-Avon 1562, 1616), si no en perfección, sí en popularidad. Pero ¿cuál es la razón de que el gran público sienta predilección por el romance de dos jóvenes cuyas familias se guardan un odio profundo? Quizá la fórmula de sentimientos, tan habituales entre los nobles de la Edad Media, entre los que los matrimonios de conveniencia eran una práctica habitual. O quizá la explicación venga de la mano de la diversión que producía en quienes asistían a las representaciones observar cómo “esos ricos desocupados” tenían tiempo para morir de amor, algo que la plebe nunca se podría permitir.

Los eruditos están de acuerdo en que la mezcla formulada por el inglés en esta obra es un acierto pleno. Una lírica llena a rebosar de la propia poesía (“¿En un nombre qué hay? Lo que llamamos rosa aún con otro nombre mantendría el perfume; de ese modo Romeo, aunque Romeo nunca se llamase conservaría la misma perfección, la misma, sin ese título”), junto a una parte trágica llena de dolor en la que los protagonistas no hacen sino perder la vida en su búsqueda de la felicidad lejos de los convencionalismos sociales (“¡Oh, dulce puñal! Soy tu morada. Descansa en mí. Dame la muerte.”)

Personalmente esta tragedia lírica me llamaba mucho la atención desde niña, pero cuando leí la obra de Shakespeare completa, la emoción me embargó: tener la llave del amor en la mano y ver cómo tu amado acaba de suicidarse por un malentendido, que podría haberse solucionado unos minutos después, reconózcanlo, es de lo más romántico.

En la obra se compone un magistral universo en Verona. Se sitúa (Luigi da Porto) la acción en un lugar muy exótico para la época, Italia, ¿Cuánta gente de la época podía decir que había visitado ese país en todo Londres? Diez o quince personas, a lo sumo. Además el amor adolescente es el único que se presta al juego. Cualquiera que haya vivido la época de la más tierna juventud sabe que la ilusión con la que se recibe una mirada del chico que te gusta no tiene comparación con nada. Y estoy segura de que es la única época de la vida en la que se puede luchar sin condiciones por la persona amada. Se trata de una especie de “integrismo romántico”. Al pasar los años los sentimientos se “atemperan”, porque lo que nos rodea, lo que hemos conseguido en la vida, pesa más en nuestra conciencia que una historia de amor difícil. En esto consiste la madurez, en valorar lo que se tiene de manera consciente y pesar en una balanza lo que se puede conseguir vs. lo que se puede perder.


Y para Romeo y Julieta no hay nada que valga la pena en su existencia si no pueden estar juntos. Sus almas puras, infantiles, cándidas, esperan con pasión el encuentro furtivo. Sin estas desesperadas muestras de cariño no les es posible soportar la cruda existencia que les rodea. El amor y la muerte se pueden interpretar como dos polos opuestos que terminan en unión sobre la tumba de Julieta. Cuando Romeo bebe el veneno que le da el boticario y susurra sus últimas palabras, queda claro que para él la muerte será la forma en la que libere su pasión y pueda por fin abrazar a su amada en otra vida. Es un acercamiento definitivo en el que la sociedad no puede interferir: sólo él y Julieta, y como medio para conseguirlo, el veneno (la muerte).

shakespeare.jpgWilliam Shakespeare no está considerado un autor demasiado original. Lo que hacía en muchas de sus obras era tomar elementos de otros escritores que consideraba oportunos para orquestar sus propias historias. En Romeo y Julieta se pueden citar dos fuentes en las que el autor bebió. La primera de ellas es The Tragicall Historye of Romeus and Juliet, poema de Arthur Brooke publicado en 1562. La segunda es una traducción de William Painter que lleva por título Rhomeo and Julietta que está incluida en el volumen II de su obra Palace of Pleasure, publicado en 1567. Pero lejos de pensar que ellos sí son originales, ambos se basaron en una versión francesa de Pierre Boaiastau, Histories Trafiques, publicada por François de Belleforest en 1559. A su vez se basa en Romeo e Giulietta, de Mateo Bandello, publicada en 1554; y en Giulietta e Romeo, de Luigi da Porto, aparecida en 1530. Esta sí es la primera versión, la que nombra a los protagonistas como los conocemos actualmente y la que sitúa la acción en Verona.

Sin embargo Shakespeare le dio a esta obra un “repaso” en el que incluyó su magistral toque que convirtió a Romeo y Julieta en la gran tragedia que es actualmente. La virtuosidad del escritor inglés supera con creces a los autores de los que toma prestados algunos de los elementos, como la situación y los personajes.

Una curiosidad que he encontrado al documentarme para realizar este artículo es que de William Shakespeare no existen textos originales manuscritos conservados. Tan solo 147 líneas de Sir Thomas More nos quedan para el recuerdo. El escritor no tuvo nunca relación con la edición de sus obras, ni siquiera con las que se publicaron estando vivo. A parte de esto la corrección ortográfica del inglés no es su más notable característica, por lo que las ediciones impresas originales (in Quarto e in Folio) adolecen de errores e inexactitudes.

La fecha de aparición de la obra (First Quarto, 1597) nos da la clave para encontrar la fecha de composición. Puede ser ésta, con bastante fiabilidad 1595, puesto que en la edición mencionada (que podría ser pirata) se nombra a los servidores de Lord Hunsdon, cuya compañía teatral Lord Chamberlain Henry Hunsdon llevaba representando obras desde junio de 1594, fecha de su creación, y es muy posible que Shakespeare escribiera los guiones de las representaciones desde el principio.

Fuente: Romeo y Julieta. Letras Universales. Ed. Cátedra, Madrid, 1993.

Os recomiendo encarecidamente su lectura si no lo habéis hecho ya. Para facilitaros la búsqueda, desde aquí podéis descargarla.