La Magia de las brujas

bruja-actual.jpgSe las asocia muy a menudo con maldad y con oscuridad, tal vez porque se las sabe amigas de la luna y de la noche, y lo maligno siempre se ha contrapuesto a la luz, a lo luminoso. Quizá solo fueron mujeres que no adoraron a más dios que la noche o la madre Tierra (quién mejor que ellas conocía las propiedades ocultas de las plantas, regalo de la naturaleza a quien supiera entenderlo?). Y quizás ese paganismo tuvo un precio demasiado alto para muchas…

En las sociedades primitivas, la agricultura y la recolección era terreno de las mujeres. Mientras los hombres salían a cazar, las mujeres aprendieron, primero, a elegir, de entre los que la naturaleza les ofrecía, los alimentos aptos de los que no lo eran. Más tarde, aprenderían que eran capaces de “dominar” este proceso de algún modo, y hacían crecer alimentos por sí mismas. Esto requería una mayor observación de la tierra, de los fenómenos naturales, del clima, las estaciones… un mayor contacto con su entorno (y esto lo seguimos observando en las mujeres a las que luego se llamó brujas).

En muchas sociedades antiguas, ha habido cierto temor a la mujer, sobre todo por la incomprensión de algunas de sus capacidades. La mujer engendra vida (por supuesto, tarea imposible sin un hombre) y este mecanismo por el que un bebé nacía del cuerpo de la mujer resultó incomprensible mucho tiempo… y ya se sabe que lo desconocido suele ser amigo del miedo.

La brujería está presente o lo ha estado en distintas culturas, visitando casi todos los puntos del planeta en algún momento de la historia. Ha sido objeto de estudio de muchos antropólogos, ya que independientemente de la parte de verdad y de imaginación que se ocultara tras ella, siempre llevaba consigo implicaciones sociales interesantes. En los pueblos primitivos, la brujería se entendía como la responsable de la mayoría de las cosas de las que desconocemos la causa (necesitamos buscar explicación a lo que sucede, y lo que no conseguimos entender suele acabar siendo explicado mediante la magia).

Los orígenes de la brujería

luna-manos_magicas.gifLa brujería es tan antigua como la necesidad humana de seguridad y está tan unida a las creencias religiosas que no puede sino asombrarnos que durante siglos se haya insistido en vilipendiar a una para alabar las bondades de la otra, como si realmente fueran tan distintas. Si tuviésemos que trazar una línea divisoria entre brujería o magia y religión lo más acertado sería decir que el sacerdote o el santo es el mago oficial mientras que el brujo es el mago extraoficial.

La práctica mágico-religiosa es simplemente una respuesta, bien institucional (el milagro) bien popular (el maleficio, el conjuro) a un grupo de acontecimientos concretos que afectan a la vida del hombre y que éste no controla y muchas veces tampoco entiende: amor, fertilidad, riqueza, azar, fenómenos meteorológicos, poder…

¿Seres monstruosos o hadas protectoras?

En el mundo griego existieron diferentes tipos de brujas, destacando dos: la alcahueta decrépita, horrorosa y perversa que se aprovechaba de seres inocentes y desamparados, como la Dipsas de Ovidio y la Strix, una bella mujer que de noche se transformaba en pájaro y volaba en busca de carne humana.

La capacidad de la bruja de metamorfosearse en animal junto a la habilidad para preparar y utilizar todo tipo de venenos y el desproporcionado apetito sexual, son otros de los atributos con los que la antigüedad clásica “adornó” a la bruja; atributos que la Edad Media hizo suyos. Y, sin embargo, la bruja es también el ser benigno, protector de las cosechas y los nacimientos, garante de la prosperidad de la comunidad. En su ambivalencia y su cercanía reside su éxito.

El cristianismo pretendió desterrar la brujería pero sin mucho éxito pues las comunidades, especialmente las rurales, donde la implantación del cristianismo duró siglos, continuaron acudiendo en busca de ayuda a esas personas que, apoyadas por la tradición, se creía que podían curar (conocedoras de las virtudes de las plantas y de algunas técnicas rudimentarias de medicina ancestral) y controlar los fenómenos atmosféricos en beneficio humano.

Comprendido el nivel de arraigo de las viejas tradiciones el cristianismo optó por sincretizarse al enemigo para así poder controlarlo. De este modo los dioses paganos se confundieron con el dios cristiano que construyó sus templos sobre los antiguos santuarios y superpuso sus fiestas al calendario pagano.

No es de extrañar, pues, que mientras los Padres de la Iglesia clamaban contra los maleficios, las prácticas de magia agraria o los cultos a las aguas y los bosques, se continuaran presentando ofrendas a las ninfas, se ofrecieran libaciones y sacrificios a los muertos o se comerciara con los supuestos poderes infernales de plantas y animales, muchas veces creyendo en Cristo, pero no en el Cristo de las altas jerarquías eclesiásticas, sino en un dios que compartía su poder con todo un universo mágico-religioso.

Akelarre

zugarramurdipradoaquelarre.jpgAkelarre fue el nombre que se le dio a las reuniones nocturnas en las que las mujeres consideradas brujas se reunían. También se las conoce como Sabbath (pero no hay que confundir a éste con el día de descanso según los judíos, que también es el sabbath). La palabra akelarre procede del euskera, de la unión de aker+larre, que literalmente se traduciría como “prado del cabrón” o del macho cabrío.

Se acusaba a las mujeres de usar estas reuniones como provocación, de invocar en ellas al diablo (el macho cabrío) para pactar con él, de llevar a cabo toda suerte de orgías en las que participa también el demonio, de hacer sacrificios o ritos malignos que causaban mal al pueblo… Aunque realmente, a estas reuniones no acudían extraños, con lo que esto no son sino elucubraciones e hipótesis hechas muchas veces desde el miedo o el rechazo. Probablemente el que una serie de mujeres se reuniesen por su cuenta no resultaba normal en la época y daba pie a rumores infundados, más aún si la reunión era por la noche, pero no hay pruebas de que realmente se realizaran esos sacrificios. Sí se sabe que se reunían, que bailaban desnudas bajo la luna, que preparaban infusiones con hierbas que ellas mismas solían recoger… poco para los castigos que sufrieron muchas de ellas después. También es posible que algunas de las cosas con los que se asociaron los akelarres sucedieran de algún modo provocadas por las propias supersticiones de la época, que conseguían que las mujeres llegaran a autosugestionarse hasta el punto de tener alucinaciones que luego relatarían (en las que sí que podría aparecer una imagen que les recordara al demonio).

Además de la teoría de simples reuniones de mujeres cansadas de la rutina, también hay estudios que creen que podrían ser una derivación de los ritos de la fertilidad propios de culturas más primitivas, de adoración a la Madre Tierra o que asocian los excesos que se les suponían a estas reuniones con los que se daban también en las antiguas celebraciones en honor a Dionisos, el dios del vino. Tal vez el hecho de que estos dos últimos tipos de celebraciones incluyesen también a los hombres fue lo que hizo que no fueran perseguidas y sí lo fueran los akelarres.

Los akelarres solían celebrarse en prados cerca de cuevas (como es el caso de Zugarramurdi, en Euskadi), o en claros de bosques, a cierta distancia de donde vivieran, a donde podían acudir las brujas a pie o supuestamente montadas sobre sus escobas. Se cuenta que en ellos el diablo podía elegir en qué forma aparecerse a las brujas, si en su forma animal, como un macho cabrío, bajo forma humana, convirtiéndose en un hombre apuesto pero con oscuras intenciones, o bajo la forma de una bestia informe sin los límites bien definidos. Asimismo, se cuenta que podía elegir darles a las brujas que copularan con él y le fueran fieles este mismo poder de transmutación.

Se dice también que el diablo solía marcar a sus acólitas. Una de las maneras era hacerles una herida en alguna parte del cuerpo, que al cicatrizar se insensibilizaría. Así, durante las torturas en la Inquisición muchas veces se excusaban en que no estaban torturando exactamente sino buscando esa zona insensible que delatara a la bruja como tal. Otra marca que usaba el diablo era dotarles de un falso pezón que serviría para amamantar a su demonio familiar, oculto muchas veces bajo la forma de un animal. De aquí surgen dos creencias tradicionales que se mantienen hoy, la de que las brujas suelen tener verrugas (por donde se alimentaría este demonio familiar) y la de que suelen acompañarse de gatos negros o de otros animales como pueden ser lechuzas o cuervos.

La existencia de las brujas

brujeria3.jpgHubo un gran número de hombres y mujeres que creían realmente tener tratos con Satanás y oficiar de brujos. ¿Los tenían realmente? Tal vez algunos sí. Pero en gran parte de estos casos de embrujamiento convencido, este convencimiento no era más que una ilusión de las mentes de los propios pretendidos brujos y brujas, cuyos orígenes eran una desenfrenada insatisfacción sexual, una imaginación tan rica como desequilibrada, el uso de algunos ungüentos que, como se comprobó posteriormente, tenían en su composición drogas alucinógenas…

Pero, aunque los fundamentos de sus creencias no fueran más que producto de sus propias imaginaciones enfebrecidas, sus obras eran reales. Al respecto se cuentan verdaderas atrocidades: según Sprenger, dominico comisionado por Roma para extinguir la hechicería en Alemania, los brujos se entendían con los médicos y los parteros para comprarles los cadáveres de niños recién nacidos. Los parteros daban muerte a las criaturas en el mismo momento en que nacían, clavándoles largas y finas agujas en el cerebro, tras lo cual declaraban que el niño había nacido muerto y procedían a enterrarlo. Llegada la noche, los brujos desenterraban a la víctima y la llevaban a sus cuchitriles, en donde la hervían en un caldero con hierbas narcóticas y venenosas y procedían luego a varias operaciones de laboratorio para obtener como resultado una especie de gelatina. El residuo líquido se vendía como elixir de larga vida, y la parte sólida se mezclaba, bien triturada, con grasa de gato negro y sebo, de lo cual salía una pomada que era usada para las fricciones mágicas.

Las brujas alcanzaban su paroxismo cuando relataban sus uniones carnales con Satanás, en cuyos relatos se incluían todos los excesos. Posteriormente se ha querido explicar todo ello a través de una sexualidad profundamente frustrada, pero por aquel entonces no se conocía aún la psicología y lo único que cabía hacer era exorcizar a la bruja… o llevarla a la hoguera.

En esta primera entrega que consta de dos partes, podemos darnos una idea de aquello que siempre escuchamos, nos contaron o quizás hasta leímos, pero detrás de estas narraciones que pueden ser muy conocidas, existe una historia que la podemos catalogar como de terror.