Cuento corto de Amado Nervo

El gran poeta mexicano, una de las cimas del Modernismo, también fue un excelente autor de relatos breves.

Amado Nervo

Cuando pensamos en la figura del mexicano Amado Nervo (Tepic, 1870-1919), inmediatamente evocamos su magistral labor poética. Precursor del Modernismo que elevaría a su máxima cima Rubén Darío, nos ha legado obras como ‘Perlas negras’, ‘El éxodo y las flores del camino’, ‘El estanque de los lotos’ y, sobre todo, ‘La amada inmóvil’, que culmina su producción y constituye uno de los mejores libros de poesía del siglo XX.

Sin embargo, Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz (su verdadero nombre) también escribió ensayos, novelas y relatos breves. Entre los primeros, ‘Juana de Asbaje’, una suerte de biografía de Sor Juana Inés de la Cruz, ‘Mis filosofías’ o ‘Almas que pasan’.

Respecto a su labor narrativa, publicó las novelas ‘El bachiller’, ‘El domador de almas’, ‘El diablo desinteresado’, ‘Los balcones’ y ‘Pascual Aguilera’. Y, en cuanto a sus relatos breves, nos ha dejado muchos y muy variados. Al igual que su lírica, su prosa es genuinamente modernista. Sin embargo, no es el Modernismo de Nervo como el de Darío en su primera etapa, es decir, pleno de galas, oropeles y exquisitez formal. En el mexicano se aprecia mucha mayor contención. Su estilo es más sencillo, desnudo de artificios técnicos, para casar mejor con su tono melancólico y su contenido próximo al misticismo.

Todo ello se aprecia en su cuento ‘El obstáculo’, que narra como el poeta ve una hermosa mujer quien le manda seguirla. Cuando lo hace, entre ambos se interpone un hombre aparentemente débil pero dotado de enorme fortaleza física que le impide el paso por más que lo intenta. Finalmente, el protagonista se da cuenta de que la persona que se ha interpuesto no es otro que él mismo.

Aunque se ha calificado a ‘El obstáculo’ como un cuento misterioso, no es exacto. Más acertado sería denominarlo simbólico pues no es difícil atisbar tras su argumento una reflexión sobre las limitaciones que nosotros mismos nos imponemos. Incluso, en un sentido más profundo, podría hablarse de la religiosidad del texto que contiene indudables resonancias del ‘Cántico espiritual’ de San Juan de la Cruz. Y ello casa a la perfección con el misticismo que caracteriza buena parte de la obra del gran escritor mexicano. En cuanto al lenguaje y el estilo, éstos son genuinamente modernistas por su cuidado exquisito y el léxico empleado. Se trata, en suma, de un relato muy hermoso.

Vía: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Foto: Christian Frausto Bernal.