José de Espronceda: La personificación del romanticismo español


“Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.”

Existen pocas rimas que, como la que empieza este artículo, hayan anidado con tanta raigambre en nuestra memoria colectiva, generación tras generación. Recitados estos versos, en mil y un lugares, resuenan en nuestra mente como un grito de libertad que invita a la aventura. Ese era el espíritu que respiraba su autor, José de Espronceda Delgado, y que dirigió sus cortos pero intensos 34 años de vida.

José de EsproncedaNacido cerca de la pacense localidad de Almendralejo, el 25 de marzo de 1808, José de Espronceda no tarda mucho en dar muestra de un intenso activismo político unido a la pasión por la literatura. Todavía en su adolescencia, aquellos ingredientes llevan al poeta a formar parte de una sociedad secreta “Los Numantinos” cuyo propósito era vengar la muerte, en la horca, del general y político Rafael de Riego, considerado por el pueblo como un héroe nacional. Descubiertas sus intenciones, Espronceda es condenado a cinco años de reclusión en un monasterio de Guadalajara, donde comenzará a escribir “El Pelayo”, poema épico que no llega a terminar. Gracias a la intecesión de su padre, a la sazón coronel del ejército español, es liberado en cuestión de semanas. Sin embargo, la tumultuosa situación política del momento le hacen partir rumbo a Gibraltar y posteriormente a Lisboa y Londres, siguiendo así el peregrinar de muchos otros liberales exiliados. En el transcurso de dichos viajes, Espronceda llega a imbuirse del romanticismo que imperaba en Europa de la mano de plumas tan cautivadoras como la de Lord Byron. Este estilo es el que encumbra al autor de la mano de poemas como el conocido “El estudiante de Salamanca” y “El Diablo mundo”. No obstante, Espronceda también abordará el mundo novelesco, con la novela histórica “Sancho Saldaña” y hará algunas incursiones en el teatro con “Ni el tío, ni el sobrino” y “Amor venga sus agravios”.

La breve existencia del memorable poeta dió para una tumultuosa vida sentimental, de la cual nace su única hija, Blanca, y también uno de sus poemas de amor más intensos, “Canto a Teresa”, incluido en la anterior obra inacabada de “El Diablo mundo”, dedicado al amor de su vida, Teresa Mancha. Esto, junto con su gran sentido político, que le lleva a ocupar un puesto como parlamentario de las Cortes en 1842, configuran un derrotero propio del romanticismo más exaltado. De hecho, hasta la muerte parece conjurarse como un personaje más de uno de sus versos, al concluir, de forma súbita, por una difteria, la vida del joven poeta un 23 de mayo de 1842. El repentino óbito, causa un profundo dolor en la sociedad española, que veía como, sobre el poeta más apreciado del momento y prometedor político, se bajaba el telón de forma tan trágica. Hoy, cuando se cumplen 165 años de aquel día, nos permitimos colocar como epitafio a tan apasionada existencia, el estribillo de la canción con la que empezamos este pequeño homenaje, “La canción del pirata”, y que sin duda, sintetiza el alma libre de nuestro romántico más recordado:

“Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.”

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