Georges Perèc o la Literatura como un crucigrama

El francés Georges Perec, de cuya muerte se han cumplido en 2012 veinticinco años, fue uno de los escritores más originales de su país, capaz de jugar con las palabras hasta crear palíndromos gigantescos, lipogramas y otras audacias narrativas. Un autor cuyos textos no dejan indiferente a nadie.

Universidad de La Sorbona

Universidad de La Sorbona, donde estudió Georges Perèc

Se ha cumplido este año el veinticinco aniversario de la muerte de Georges Perèc (París, 1936-1982), uno de los escritores más singulares de la literatura francesa que, en cualquier caso, no deja indiferente a nadie pues su obra pertenece a ese tipo de arte que o se admira profundamente o se desprecia sin paliativos por ser excesivamente original y propio. Entre quiénes adoptaron la primera actitud, no obstante, se encuentran autores de la talla de Ítalo Calvino, que lo consideraba “un escritor distinto a cualquier otro”, o Paul Auster.

Más radical aún se mostraba Roberto Bolaño, quién señaló: “Perèc es, sin duda, el novelista más grande de la segunda mitad del siglo XX”. Una admiración compartida por su amigo Enrique Vila-Matas, que ha escrito: “Entre los libros de primera hora que me cambiaron la vida, estuvieron siempre los de Perèc, libros que recuerdo haber leído fascinado”.

Georges Perèc tuvo una infancia desdichada. Su padre murió en el frente de la Segunda Guerra Mundial y su madre poco después en el campo de concentración de Auschwitz. Recogido por unos tíos, estudió Historia y Sociología en La Sorbona y, poco después, entró a trabajar como archivero en un Centro de Investigación sobre Neurofisiología. En este empleo tan escasamente literario permanecería hasta poco antes de su muerte. Aunque no perteneció al grupo inaugural, muchos críticos lo incluyen entre los miembros del llamado Nouveau Roman francés, aquella tendencia liderada por Alain Robbe-Grillet que se proponía terminar con los principios tradicionales de la narrativa tanto desde el punto de vista de la forma como de los contenidos y en la que se integraban igualmente Michel Butor, Nathalie Sarraute y el futuro Premio Nobel Claude Simon.

Y es que pocos han mostrado una idea del arte de novelar tan original como Perèc, capaz de construir un relato tan sólo a base de descripciones o, más curioso aún, de introducir un palíndromo (o texto que se lee igual hacia adelante que hacia atrás) de cinco mil palabras, por no mencionar sus lipogramas o escritos en los que se omite sistemáticamente una o varias letras.

Villard-de-Lans

Una vista de Villard-de-Lans, donde se crió Perèc

Perèc se dio a conocer con su novela ‘Las cosas’, que obtuvo el Premio Renaudot. Poco después, se integró en el grupo Oulipo creado por su amigo Raymond Queneau y cuyo nombre responde a las iniciales en francés de “Taller de Literatura Potencial”, lo cual da sobrada idea de sus propósitos. Por esa época apareció su novela más conocida, ‘Un hombre que duerme’, narración existencialista en la que no sucede nada: el protagonista es un estudiante que, un buen día, decide no levantarse para ir a hacer un examen. A partir de ese momento, se dedica a deambular por las calles con absoluta apatía para llegar a la conclusión de que “la indiferencia no le había dejado indiferente”. Pero si peculiar es la trama, más aún lo es su forma externa, pues presenta una estructura sintáctica en la que apenas hay puntos, sustituidos por comas.

A esta obra seguiría ‘La vida, modo de empleo’, que le proporcionó el Premio Médicis. Se trata, en esta ocasión, de una especie de puzzle cuyas piezas son la vida de ciento noventa personajes con el denominador común de vivir o haber vivido en el pasado en una determinada casa de París y cuyas biografías se entrecruzan. Ante tal galimatías, el autor incluye al final cuatro anexos orientativos: un plano del inmueble, un índice de nombres, referencias cronológicas y un índice de las historias contadas en este libro. No hace falta insistir en la absoluta originalidad de la producción literaria de Perèc, muchas de cuyas audacias han sido retomadas por autores actuales. Consecuentemente, su influencia en la literatura posterior ha sido enorme.

Fuente: ‘Adamar’.

Fotos: Lacrescentino y Boklm.