A finales del siglo XIX, desde la Corte Real, se le pidió a Coloma que escribiera un cuento para el pequeño Alfonso XIII, a quien con tan solo ocho años acababa de caérsele un diente. A Coloma se le ocurrió la historia que tan bien conocemos sobre el Ratoncito Pérez, protagonizada en su historia por el rey Bubi (así era como la reina llamaba a su hijo en aquel entonces), y que gustó tanto y triunfó que desde entonces la historia se ha repetido en todos los hogares donde habita un niño. El cuento convertido en realidad. Ahora es una tradición arraigada en España y en Latinoamérica, y el simpático ratón es ya uno de los personajes más populares infantiles capaz de generar ilusiones en los niños. Su fama se ha mantenido hasta nuestros días, llegando incluso a protagonizar la película ‘Pérez, el ratoncito de tus sueños‘ en el 2006.
La tradición se ha extendido a otros países lejanos convirtiéndose en una costumbre casi universal y adoptando diferentes formas en distintas culturas. Así, en México y Chile se le llama “el Ratón de los Dientes” y en Argentina, Venezuela, Uruguay y Colombia simplemente “El Ratón Pérez”. En Francia se le llama “Ratoncito” (la petite souris), en Italia se le conoce como “Topolino”, “Topino” (Ratoncito) o “Fatina” (Hadita) y en los países anglosajones este papel lo encarna el “Hada de los dientes” (Tooth Fairy). En Cataluña, la misión de recoger los dientes es encomedanda a “l’Angelet” (el Angelito), en el País Vasco -sobre todo Vizcaya-, se encarga a “Maritxu teilatukoa” (Mari la del tejado) y en Cantabria es “L´Esquilu de los dientis” (La Ardilla de los dientes). Asimismo, en algunos lugares es tradición tirar los dientes de los niños a los tejados de las casas.
Por supuesto que Luis Coloma es además autor de numerosos cuentos cortos y biografías, pero el Ratoncito fue sin duda su obra maestra. Es una pena que para nosotros, los adultos, la pérdida de un diente se convierta en tragedia, en dolor, y en un gasto económico a través del dentista. Estaría bien que la imaginación de otro gran escritor nos hiciera concebir esa idea como algo más maravilloso. Después de todo, perder un diente no es algo tan dramático.
Foto: Jlordovas
